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Santa
Faustina nació en el año 1905 en la aldea de Glogowiec, cerca de
Lodz, como la tercera de diez hermanos en la familia de Kowalski.
Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, laboriosidad,
obediencia y sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación
escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa
familiar para trabajar de empleada doméstica en casas de familias
acomodadas. A los 20 años entró en la Congregación de las Hermanas
de la Madre de Dios de la Misericordia, donde – como Santa María
Faustina – vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera,
jardinera y portera.
Su
vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por
la extraordinaria profundidad de su unión con Dios. Desde niña había
deseado ser una gran santa y, en consecuencia, caminó hacia este fin
colaborando con Jesús en la obra de salvar a las almas perdidas,
hasta ofrecerse como sacrificio por los pecadores. Los años de su
vida conventual estuvieron marcados, pues, por el estigma del
sufrimiento y las extraordinarias gracias místicas.
La misión de Santa
Faustina consiste en 3 tareas:
– Acercar y proclamar
al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor
misericordioso de Dios a cada persona.
– Alcanzar la
misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los
pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas
de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús:
la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti
confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo
después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina
Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de
la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del
culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes
promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor
activo hacia el prójimo.
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