- Divina Misericordia
- Santa Faustina
- Juan Pablo II
- Juan Pablo II en Polonia
- Mi querida Cracovia
- Paternidad y Misericordia
- El Papa peregrino
- Vía Crucis escrito por Juan Pablo II
- Rico en Misericordia (Diven in Misericordia)
- Reconciliación y Penitencia
- El Gran Jubileo (11-03-99)
- El Sacrificio de Cristo
- Deberes de los Católitos
- Decreto Indulgencias
- Decreto sobre el 2º Domingo de Pascua
- Acto de Consagración del Mundo
- Mensaje Póstumo
- Testamento de Juan Pablo II
Santa Faustina - D. 1049
SANTA TERESITA
/†\"Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos" Mt. 18-2
"¡Oh, Jesús! ¡Si yo pudiera revelar, a todas las almas pequeñas, lo inefable que es tu amor! Estoy segura de que, aunque sea un imposible: si encontraras un alma más débil y más pequeña que la mía, la colmarás de favores tan grandes, con tal de que ella se abandone, con entera confianza a tu misericordia infinita" (MsB,5r)
Santa Faustina, antes de ingresar al convento, sentía gran devoción por Santa Teresita. Así nos lo cuenta en su diario:
"Empecé la novena a esta Santa, porque antes de entrar [en el convento] le tenía una gran devoción. Ahora la he descuidado un poco, pero en esta necesidad, empecé a rogar nuevamente con todo el fervor. El quinto día de la novena soñé con Santa Teresa, pero como si estuviera todavía en la tierra. Me encubrió a mí el conocimiento de que era santa y comenzó a consolarme, que no me entristeciera por ese asunto, sino que confiara más a Dios. Me dijo: Yo también sufrí muchísimo.
Pero yo no estaba muy convencida de que ella hubiera sufrido mucho y le dije que me parecía que: Tú no sufriste nada. Pero Santa Teresa contestó, asegurándome que había sufrido mucho y me dijo: Sepa, hermana, que dentro de tres días usted resolverá este asunto de la mejor manera. Como yo no estaba muy dispuesta a creerle, ella se me dio a conocer como santa. Entonces la alegría llenó mi alma y le dije: Tú eres santa. Y ella me contestó: Sí, soy santa y tú ten confianza en que resolverás este asunto dentro de tres días.
Y le dije: Santa Teresita, dime si estaré en el cielo. Me contestó: Estarás en el cielo, hermana. ¿Y seré santa? Me contestó: Serás santa, hermana. Pero Teresita, ¿seré tan santa como tú, en los altares? Y ella me contestó: Serás tan santa como yo, pero tienes que confiar en el Señor Jesús. Y le pregunté si [mi] padre y [mi] madre estarían en el cielo, si (72) [la frase sin terminar] me contestó: Estarán.
Y pregunté todavía: Y mis hermanas y hermanos ¿estarán en el cielo? Me contestó que rogara por ellos mucho, sin darme una respuesta clara. Entendí que necesitaban muchas oraciones. [...] (D. 150)

