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- Rico en Misericordia (Diven in Misericordia)
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- El Gran Jubileo (11-03-99)
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- Deberes de los Católitos
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- Decreto sobre el 2º Domingo de Pascua
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- Mensaje Póstumo
- Testamento de Juan Pablo II
Franciszek Cardenal Macharski
PEREGRINAR AL SANTUARIO
/†\ En el Santuario Nacional de Jesús Misericordioso, en Buenos Aires; los días 26 de cada mes están dedicados a Jesús Misericordioso para confesarse, para participar de la Eucaristía, para recibir el escapulario propio; para hacer bendecir los objetos piadosos, para encargar la celebración de Misas por los vivos o los difuntos y para suplicar en comunidad la Gracia de la curación interior.
A las tres de la tarde, la Hora en que Jesús dió su vida para la salvación del mundo -la Hora de la gran misericordia- se celebra en el santuario una Misa ofrecida por los que están en grandísima tribulación y sólo tienen a Jesucristo como único apoyo. Es la Misa por la Paz y la Alegría.
Los devotos se turnan desde la primera Misa matutina hasta la última Misa en la noche para visitar la Imagen milagrosa y venerada de Jesús Misericordioso, la Fuente de la Misericorida, la Religia de Santa Faustina... Oran delante de ellas, signándose con el Agua bendita.
Vienen no solo los que sufren, sino también aquellos que, por amor al prójimo, desean ofrecer sus sacrificios y dolores para que otros obtengan los dones gratuitos del Salvador.
Se trata de una devoción que nos hace solidarios en la fe.
/†\ Los Apóstoles de la Divina Misericordia de Argentina, realizan dos peregrinaciones o Caravanas Nacionales por año, en las que participan más de 5000 personas cada vez. Los milagros que ocurren y los testimonios de los fieles que asisten, dulcifican los corazones y animan a muchas más personas a seguir asistiendo a las caravanas futuras. Estar allí, caminar con ellos, implorar la Divina Misericordia por el mundo entero; constituyendo un solo cuerpo en Cristo Jesús, es una experiencia única; que yo te invito a vivir. Tu alma renacerá a una nueva vida, y en tu corazón morará por siempre, la Misericordia de Dios.
Sinda Miranda

