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Palabras de Juan Pablo II. durante la Consagración del mundo a la Divina Misericordia. Santuario de Lagiewniki 17-VIII-02
LOS OJOS DE JESÚS
La fuerza de la mirada de Jesús, es uno de los aspectos que más impresionó a sus discípulos. Los evangelios, hablan con frecuencia de como veía El las cosas, de como miraba.
Jesús miraba a la muchedumbre, se fijaba en la moneda del tributo, observaba como echaba su limosna en la colecta la mujer pobre, dirigía a sus apóstoles sus ojos, miraba fijamente al joven que quería seguirle ("Jesús, fijando en él su mirada, le tomo cariño y le dijo: sólo una cosa te falta..." Mc 10,21), escrutaba las intenciones de sus enemigos, les dirigía una mirada llena de enfado ("ellos callaban: y El, mirándoles con ira, apenado..." Mc 3,5), miraba a Zaqueo apreciando su buena voluntad...
Enseñó a sus discípulos a saber ver y discernir las cosas. Les urgió a que supieran ver los signos de los tiempos, observar la belleza de los lirios del campo, la libertad de los pájaros, la necesidad del prójimo malherido en el camino. Parece como si Jesús pasara su vida viendo, mirando, observando con una infinita capacidad de admiración y de profundidad en su mirada, pero sobre todo, los evangelistas, se acuerdan de sus ojos en los momentos de oración.
"Tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición" (Mc. 6,41). "Jesús levantó los ojos y dijo: Padre, te doy gracias" (en la resurrección de Lázaro, Jn 11,41). "Levantando los ojos al cielo dio un gemido y le dijo: Ábrete" (en la curación del sordomudo, Mc. 7,34). "Alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora" (Jn 17,1).
Uno de los cantos más populares de los últimos tiempos, "Pescador de hombres", rescata este tema en el verso... "Señor, me has mirado a los ojos..."
Es entonces, esta Fiesta (*) una ocasión muy adecuada para agudizar nuestra mirada, mirada hacia nuestro alrededor, a nuestro país, a nuestros hermanos que sufren, a nuestros problemas y dificultades familiares, mirada hacia nuestro interior y nuestra conciencia, mirada hacia Jesús Misericordioso y descubrir que El también nos mira, con amor y ternura, no es una mirada condenatoria, sino una mirada de amistad y acompañamiento.
Llevemos el corazón lleno de estas imágenes y llevemos grabada a fuego, la mirada de Jesús, la mirada que transforma nuestras vidas.
Texto Tomado del Boletín PAZ Y ALEGRIA + Boletín Especial 23 de abril de 1995 + Fiesta anual en honor a Jesús Misericordioso
(*) Se refiere a la Fiesta de la Divina Misericordia.

