| La fuerza de la
mirada de Jesús, es uno de los aspectos que más impresionó a sus
discípulos. Los evangelios, hablan con frecuencia de como veía El
las cosas, de como miraba.
Jesús miraba a la muchedumbre, se
fijaba en la moneda del tributo, observaba como echaba su limosna en
la colecta la mujer pobre, dirigía a sus apóstoles sus ojos, miraba
fijamente al joven que quería seguirle ("Jesús, fijando en él su
mirada, le tomo cariño y le dijo: sólo una cosa te falta..." Mc
10,21), escrutaba las intenciones de sus enemigos, les dirigía una
mirada llena de enfado ("ellos callaban: y El, mirándoles con ira,
apenado..." Mc 3,5), miraba a Zaqueo apreciando su buena voluntad...
Enseñó a sus discípulos a saber
ver y discernir las cosas. Les urgió a que supieran ver los signos
de los tiempos, observar la belleza de los lirios del campo, la
libertad de los pájaros, la necesidad del prójimo malherido en el
camino. Parece como si Jesús pasara su vida viendo, mirando,
observando con una infinita capacidad de admiración y de profundidad
en su mirada, pero sobre todo, los evangelistas, se acuerdan de sus
ojos en los momentos de oración.
"Tomó los cinco panes y los dos
peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición" (Mc.
6,41). "Jesús levantó los ojos y dijo: Padre, te doy gracias" (en la
resurrección de Lázaro, Jn 11,41). "Levantando los ojos al cielo dio
un gemido y le dijo: Ábrete" (en la curación del sordomudo, Mc.
7,34). "Alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora"
(Jn 17,1).
Uno de los cantos más populares de
los últimos tiempos, "Pescador de hombres", rescata este tema en el
verso... "Señor, me has mirado a los ojos..."
Es entonces, esta Fiesta (*) una
ocasión muy adecuada para agudizar nuestra mirada, mirada hacia
nuestro alrededor, a nuestro país, a nuestros hermanos que sufren, a
nuestros problemas y dificultades familiares, mirada hacia nuestro
interior y nuestra conciencia, mirada hacia Jesús Misericordioso y
descubrir que El también nos mira, con amor y ternura, no es una
mirada condenatoria, sino una mirada de amistad y acompañamiento.
Llevemos el corazón lleno de estas
imágenes y llevemos grabada a fuego, la mirada de Jesús, la mirada
que transforma nuestras vidas.
Texto Tomado del Boletín PAZ Y
ALEGRIA + Boletín Especial 23 de abril de 1995 + Fiesta anual en
honor a Jesús Misericordioso
(*) Se refiere a la Fiesta de
la Divina Misericordia.
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