| Hay una oración
breve, recibida del Oriente cristiano que es muy querida por las
muchedumbres creyentes: Señor Jesús Hijo de Dios vivo, ten
misericordia de mi, que soy un pobre pecador.
Repetimos esta oración,
pausadamente y muchas veces, cuando estamos en la Iglesia, o en
casa, o de viaje. Se puede rezar cien, o mil veces por día. Es una
profesión de fe en Jesús verdadero Dios y verdadero Hombre, que
salva del pecado, del demonio y de la muerte.
El efecto de esta oración del
corazón es una gran calma interior, una aceptación de las
dificultades con serenidad, una capacidad para decir el consejo
oportuno y una intuición de la ayuda que necesitan los demás. Se
aconseja vivamente.
P. Osvaldo D. Santagada
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