Una vez oí estas palabras:
Ve a la Superiora y pide que te permita hacer todos los días una
hora de adoracón durante 9 días; en esta adoración intenta unir tu
oración con Mi Madre. Reza con todo corazón en unión con María,
también trata de hacer el Vía Crucis en este tiempo.
Recibí el permiso, pero no para
una hora entera, sino para el tiempo que me permitían los deberes.
(32)
Debía hacer aquella novena por
intención de mi patria. En el séptimo día de la ovena vi a la Madre
de Dios entre el cielo y la tierra, con una túnica clara.
Rezaba con las manos juntas en el
pecho, mirando hacia el cielo. De su corazón salían rayos de fuego,
algunos se dirigían al cielo y otros cubrían nuestra tierra. (33)
Año 1934. El día de la Asunción de
la Santísima Virgen no fui a la Santa Misa. La doctora no me lo
permitió, pero oré con fervor en la celda. Poco después vi a la
Virgen que era de una belleza indescriptible y que me dijo: Hija
mía, exijo de ti oración, oración y una vez más oración por el
mundo, y especialmente por tu patria. Durante nueve días recibe la
Santa Comunión reparadora, únete estrechamente al sacrificio de la
Santa Misa. Durante estos nueve días estarás delante de Dios como
una ofrenda, en todas partes, continuamente, en cada lugar y en cada
momento, de día y de noche, cada vez que te despiertes, ruega
interiormente. Es posible orar interiormente sin cesar. |