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Algunas NOTICIAS

sobre Juan Pablo II y la Divina Misericordia

 

NOTICIAS DE LA SANTA SEDE CHRISTUS REX INFORMATION SERVICE - 27/10/96 - Maracaibo

Buena Nueva: ¿Porqué la Confesión?

Qué motivaciones hay realmente tras tantas objeciones que se esgrimen contra la Confesión Sacramental ?. Comentarios como estos son frecuentes : "Confesarme de qué, si yo no tengo pecados". "Yo no le hago mal a nadie...De qué tengo que confesarme ?". "Y por qué tengo que decirle mis pecados a un sacerdote ?". "Yo me confieso con Dios".

Entre las múltiples motivaciones que hay tras estos argumentos, hay una muy difundida en nuestros días : la falta de conciencia, del pecado. Termina siendo más fácil pecar que no pecar. No pecar es como luchar contra la corriente. Y mientras más se peca más se aleja uno de Dios. Y mientras más sé aleja uno de Dios, más cree uno que no tiene pecados. O puede atacarnos la vergüenza ; el Demonio, que quita la pena para pecar, es muy astuto en reponer la vergüenza para impedir que uno confiese los pecados al Sacerdote.

Y cuando pasa mucho tiempo sin confesar, el paso parece muy difícil : se siente uno yendo a una especie de tribunal en el cual será juzgado. Y resulta que después que se da la confesión, todo pareció tan fácil y se siente uno como si un quintal de peso fue quitado de los hombros. Y no puede ser de otra manera, porque nuestro Señor Jesucristo mismo es quien nos espera en el Confesionario.

Visión romántica o idealista ?. Realmente no. Podría explicarse esto por la vía teológica, pero hay otra : las revelaciones hechas por el mismo Jesucristo a la Beata polaca Sor María Faustina Kowalska (1905-1938), cuyo proceso de canonización se adelanta en Roma. Nuestro Señor le explicó a Sor Faustina que la fuente de Su Misericordia era la Confesión : "Cuando vayas a confesarte debes saber esto : Yo mismo te espero en el confesionario. Sólo que estoy escondido en el Sacerdote, pero yo mismo actúo en el alma. Aquí la miseria del alma encuentra al Dios de la misericordia".

Amorosas palabras de nuestro Señor Jesucristo, para recordarnos a través de esta mística de nuestro siglo, la Beata Sor Faustina, la necesidad que tenemos de confesar nuestros pecados y el deseo que El tiene de darnos Su Perdón en el Sacramento de la Confesión.

Además de la Confesión resulta mejor terapia, porque el Confesionario es el sitio donde verdaderamente se deja la culpa. Cuando nos sentimos culpables, no tenemos la tendencia de desahogarnos con alguien ?.Qué mejopr sitio que el Confesionario, donde no solo podemos hacer catarsis, sino también sentirnos genuinamente perdonados...nada menos que por Dios mismo ?. El ha escogido dejarnos Su Perdón en forma visible, tangibl, audible a través del Sacerdote, pues es a través de nosotros los hombres como continúa Dios su obra en la tierra.

Así, cuando acudimos a la confesión, podemos experimentar la Misericordia de Jesucristo, quien al perdonarnos nos libra del sentimiento de culpa, para encaminarnos, a través de la Sagrada Comunión y de la oración, hacia una vida de mayor unión con Dios.

Isabel Vidal de Tenreiro

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CELEBRADO UN CONSISTORIO PARA ALGUNAS CAUSAS DE CANONIZACIÓN
CIUDAD DEL VATICANO, 10 MAR 2000 (VIS).-A las 11.30 de hoy, durante la celebración de la Hora Sexta, en el Aula del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, se ha celebrado -en presencia del Santo Padre- un consistorio ordinario público para algunas causas de canonización.
Estos son los nombres de los futuros santos y las fechas de sus canonizaciones:
María Faustina Kowalska, religiosa del Instituto de las Religiosas de la Bienaventurada Virgen María de la Misericordia, el 30 de abril del 2000; Cristóbal Magallanes y otros veinticuatro compañeros, presbíteros y laicos, mártires y José María de Yermo y Parres, presbítero, fundador de la Congregación de las Religiosas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, el 21 de mayo; Augustine Tchao, presbítero y otros mártires beatos en China (siglos XVII-XX), María Josefa del Corazón de Jesús Sancho de Guerra, fundadora del Instituto de las Siervas de Jesús y Katharine Marie Drexel, fundadora de la Congregación de las Religiosas del Santísimo Sacramento para los Indios y las Personas de Color, el 1 de octubre.
.../CANONIZACIONES/... VIS 000310 (150)

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FAUSTINA KOWALSKA, APOSTOL DE LA MISERICORDIA DE DIOS EN EL SIGLO XX
Será canonizada por Juan Pablo II el próximo 30 de abril

CIUDAD DEL VATICANO, 10 mar (ZENIT.org).- Entre los santos que serán canonizados en este Jubileo uno de los más conocidos es sin duda Faustina Kowalska.

Elena --este era su nombre de bautismo-- nació en 1905, en el pueblo polaco de Glogowiec. Desde muy pequeña sintió la vocación a la vida religiosa, sin embargo sus padres no le dejaron entrar en el convento. Por este motivo, ella misma trató de suprimir este primer espontáneo deseo. Sin embargo, la visión de los sufrimientos de Cristo cambiaría decisivamente su vida y de este modo, el 1 de agosto de 1925, se fue a Varsovia para entrar en la congregación de la Virgen María de la Misericordia. Tomó el nombre de sor
María Faustina. Pasó trece años en varias casas de la Congregación, especialmente en Cracovia, Vilno y Plock, donde trabajaba como cocinera, jardinera y portera.

Exteriormente nadie podía sospechar la extraordinaria vida mística que vivía aquella mujer. Desempeñaba con entusiasmo sus labores, observaba las reglas religiosas, era silenciosa, pero al mismo tiempo sabía transmitir un amor desbordante y desinteresado. En esta vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, escondía una extraordinaria unión con Dios. Recibió gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas escondidos, don de la ubicuidad, la capacidad para leer en el alma de las personas, don de
profecía...

Misteriosamente, esta mujer sencilla se convirtió en la gran apóstol de la misericordia de Dios del siglo XX para proclamar al mundo esta verdad que constituye el motivo de liberación y vida para cada hombre. Su misión se apoyó en la veneración de la imagen de Jesús misericordioso, conocida hoy en el mundo entero. Este movimiento que ella comenzó reúne en estos momentos a centenares de miles de personas de los cinco continentes.

Murió en Cracovia víctima de la enfermedad y los sufrimientos cuando no tenía más que 33 años, dejando tras de sí una herencia mística imponente. Será canonizada por Juan Pablo II el próximo 30 de abril.
ZS00031010

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SOR FAUSTINA, APÓSTOL DE LA DIVINA MISERICORDIA Y SANTA
Se esperan 200.000 personas en Roma para su canonización
CIUDAD DEL VATICANO, 14 abr (ZENIT.org).- Sor Faustina Kowalska, la vidente polaca que predijo con ocho años de antelación la Segunda Guerra Mundial y la elección a la silla de Pedro de Karol Wojtyla, está a punto de ser canonizada. El próximo 30 de abril el Papa Juan Pablo II elevará a los altares a esta religiosa, fallecida en 1938 y que acabó en el punto de mira del Santo Oficio (igual que le ocurrió al padre Pío) por el culto de la Divina Misericordia.

Con la asistencia de más de 200.000 personas (es el número de reservas que se ha alcanzado hasta el momento en el Vaticano) la ceremonia de canonización de la beata Kowalska se vislumbra imponente, más que las que ya se han visto anteriormente con la beatificación del padre Pío y de Escrivá de Balaguer (ambas con una afluencia de 150.000 fieles).

Muchos no han dudado en comparar a Sor Faustina Kowalska con el capuchino de San Giovanni Rotondo, padre Pío, por los numerosos milagros atribuidos a su intercesión y por el culto que se ha difundido en pocas decenas de años por todo el mundo. Ciertamente, la religiosa fue testigo de hechos excepcionales. A través de las apariciones, recibía mensajes directamente de Jesús y los transcribía a un diario. Predijo no sólo el estallido de la guerra mundial, sino también el día, mes y año de su muerte. Y eso no es todo. Anunció la llegada de un Papa, pero no hubo pocos recelos, porque estaría unida al fin del mundo y al Juicio Universal («Escribe esto: antes de que Yo regrese como Juez, vendré como Rey de la Misericordia. Un gran signo de la cruz precederá el día de la justicia. Esto sucederá poco antes del último día. Amo a Polonia de modo especial. Si es fiel, la elevaré en poder y santidad. De Polonia vendrá la brasa que preparará al mundo para mi última venida»).

Nacida en 1905, Sor Faustina Kowalska murió cerca de Cracovia en 1938. El Papa siempre ha estado especialmente unido a esta figura. Así, en 1978, justo después de su elección como cabeza de la Iglesia, levantó la prohibición del Santo Oficio al culto de la divina Misericordia, una de las verdades de fe a la que los mensajes de Sor Faustina hacían mayor referencia. Hoy este culto, particularmente en la forma en que indicó la próxima santa, se ha difundido por todo el mundo. El Papa, que beatificó a
la religiosa en 1983, quiso dedicar su primera encíclica «Dives in Misericordia» a la Misericordia Divina.

En estos días el cardenal Camillo Ruini ha firmado un decreto especial que autoriza la concesión de la indulgencia jubilar a la iglesia del Espíritu Santo en Sassia, la iglesia regida por la orden de las hermanas polacas a la que pertenecía también Kowalska. Desde el 30 de abril, día de la ceremonia de canonización, y hasta el 7 de mayo, todos los que visiten la iglesia situada a pocos pasos de la Plaza de San Pedro podrán ganar la indulgencia.
ZS00041403

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EL PAPA CANONIZA A FAUSTINA KOWALSKA ANTE 200 MIL PEREGRINOS
Proclama en todo el mundo la fiesta de la Divina Misericordia
CIUDAD DEL VATICANO, 30 abril (ZENIT.org).- «Con Faustina Kowalska, el gran mensaje de la misericordia divina atraviesa los sufrimientos del siglo XX para alcanzar a los cristianos del nuevo milenio». Con estas palabras Juan
Pablo II abrió esta mañana la solemne ceremonia en la que proclamó santa a la religiosa polaca, en medio de una multitud de unas 200.000 personas.

Es la primera santa del Jubileo, coronación de un siglo XIX marcado por inmensos sufrimientos pero que justamente en sus años más oscuros y desesperantes, los que van del primer al segundo conflicto mundial, veía entregar a la joven sor Faustina (1905-1938) el mensaje de misericordia, recibido de Cristo.

Juan Pablo II presentó a esta mujer, en este momento de transición de milenio, como modelo para toda la Iglesia por ser mensajera de una espiritualidad por la que él mismo se sintió atraído desde que era muchacho. La Iglesia estaba representada por los peregrinos procedentes de Italia, de toda América y Europa del Este, en particular de Polonia. A ellos se les añadieron miles de personas que siguieron en directo la ceremonia, desde una gran explanada ante el santuario dedicado a la
Misericordia, en la colina de Lagiewniki, en Cracovia.

Al hablar de la espiritualidad por la que vivió esta mujer, Juan Pablo II explicó bajo un agradable sol abrileño: «No es un mensaje nuevo pero se puede considerar de esencial iluminación para ayudarnos a revivir más intensamente el Evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo».

A continuación el Santo Padre reveló la sorpresa que había preparado en este día: «En su honor, en todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

«La existencia de la religiosa, escondida en el convento, pero devorada por un profundo amor por el prójimo, ha sido un canto a la misericordia --añadió el obispo de Roma--, un amor hecho de aquél auténtico don de sí que se aprende sólo en la escuela de Dios, al calor de su caridad. En esta perspectiva, la misericordia se convierte implícitamente también en un mensaje sobre el valor de cada hombre, como queda bien representado en la visión de un Jesús que bendice con el corazón radiante que visitó tantas veces a la nueva santa en el curso de su breve existencia».

«Pero sobre todo --concluyó el Papa-- es el símbolo de la consolación que puede recibir quien, debilitado por el dolor o el pecado, se siente tentado a abandonarse a la desesperación».

Juan Pablo II, que cantó con fuerza el «Regina Coeli», hizo un breve saludo en diversas lenguas mientras la multitud se aglomeraba sobre la zona del altar. Luego, sentado, ante un monitor, pudo recibir el breve saludo de agradecimiento del obispo auxiliar de Cracovia, desde Lagiewniki, Santuario que visitaba el joven Wojtyla cotidianamente antes de ir a su trabajo en la
fábrica Solvay. Dos muchedumbres en Roma y en Cracovia, siguiéndose mutuamente por las pantallas gigantes, en directo, saludaron a quien ahora es Juan Pablo II con pañuelos de todos los colores y volvieron a cantar aquella canción que le dedicó Polonia durante su última visita. El Papa polaco, visiblemente emocionado, pudo ver cómo se fusionaban en un mar de
pañuelos la tierra de Polonia y toda la Iglesia.
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FAUSTINA KOWALSKA, MENSAJERA DE LA MISERICORDIA DIVINA
La religiosa murió a los 33 años; su nombre ha dado la vuelta al mundo
CIUDAD DEL VATICANO, 30 abril (ZENIT.org).- Faustina Kowalska tuvo un único punto de atracción en toda su vida: la misericordia divina. Ésta polarizó toda su energía, su breve existencia, y desde las páginas de su diario, descubierto después de su muerte irradió al mundo entero. Un mensaje sencillo pero efectivo. En el momento justo, el oscuro periodo de entreguerras.

La joven polaca, que murió a los 33 años, nació en Glogowiec, una pequeña aldea rural, el 25 de agosto de 1905. Tercera de diez hijos, fue a la escuela sólo durante tres años. Ya adolescente pasó a servir en algunas familias acomodadas de la zona. Pero la llamada a la vida consagrada, sentida desde la infancia, se hacía cada día más apremiante.

El 1 de agosto de 1925, tras haber sido rechazada por otros conventos, a los 20 años, fue admitida en el convento de las hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia de Varsovia. Durante los trece años que vivió en diversas casas de la congregación, desempeñó los oficios más humildes: cocinera, jardinera y portera. Murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938.

Paralela a su humilde vida escondida, otra historia se desarrollaba en su rica vida interior. Su experiencia mística de consagración a la divina misericordia, un itinerario atravesado por visiones, revelaciones, estigmas escondidos. Todo ello anotado en su diario, por sugerencia de su director espiritual.

El centro de la vida de Faustina Kowalska fue el anuncio de la misericordia de Dios con cada ser humano. Un mensaje que ha tocado el corazón de muchas personas sencillas pero también ha maravillado a numerosos teólogos, sorprendidos al encontrar en los escritos de la religiosa, alejada de los estudios, una profundidad extraordinaria.

Su legado espiritual a la Iglesia es la devoción a la divina misericordia, inspirada por una visión en la que Jesús mismo le pedía que se pintara una imagen suya con la leyenda: «Jesús en ti confío», que ella encargó a un pintor en 1935.

En la experiencia de la religiosa polaca, se inspiran los apóstoles de la divina misericordia, un movimiento integrado por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo».
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PAPA CANONIZÓ A RELIGIOSA POLACA FAUSTINA KOWALSKA
Noticias Eclesiales 1 de mayo de 2000 (eclesiales.org)
Vaticano, 1 (NE) El Papa Juan Pablo II canonizó el día de ayer a la religiosa polaca Faustina Kowalska, en el curso de una
ceremonia celebrada en la Plaza San Pedro. Peregrinos de numerosos lugares del mundo, en especial de Polonia, colmaron la
Plaza durante la celebración, que fue transmitida en directo y seguida también por millares de fieles congregados en una
explanada ante el santuario dedicado a la Misericordia, en Cracovia.

Se trata de la primera canonización que el Papa Juan Pablo II ha realizado en este Año Santo. Durante su homilía, el Papa resaltó diversos aspectos de la vida de la santa, impulsora de la devoción a la Divina Misericordia. "A través de la obra de la
religiosa polaca -señaló el Papa- este mensaje está ligado para siempre al siglo veinte, último del Segundo Milenio y puente
hacia el Tercer Milenio". "No es un mensaje nuevo pero se puede considerar de esencial iluminación para ayudarnos a revivir más intensamente el Evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo".

De la misma manera, el Pontífice anunció que en los próximos años, el segundo Domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. "Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros", afirmó.

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La Madre Faustina proclamó "Un mensaje necesario", dice el Papa
VATICANO, 1 May. 00 (ACI).- En el marco de una Plaza San Pedro repleta por una multitud que rebasaba hasta la Vía de La Conciliación, el Papa Juan Pablo II proclamó a la Madre Faustina Kowalska como la primera santa del milenio y recordó que el mensaje de la Divina Misericordia, urgente cuando lo anunció, sigue siendo necesario hoy.
''La vida de esta humilde hija de Polonia ha estado completamente ligada a la historia del Siglo", dijo el Pontífice, al destacar que "fue precisamente entre la primera y la segunda guerra mundial que Cristo le confió su mensaje de misericordia".

"Los que recuerdan, los que fueron testigos y participantes de los acontecimientos de esos años y del horrible sufrimiento de millones de hombres, saben bien cuán necesario fue el mensaje de la misericordia", dijo el Pontífice ante la multitud estimada en 200,000 personas, entre la que se encontraba el primer ministro de Polonia, Jerzy Buzek, y representantes del movimiento Solidaridad.

"A través de la obra de la religiosa polaca -siguió el Pontífice- este mensaje está ligado para siempre al Siglo Veinte, último del Segundo Milenio y puente hacia el Tercer Milenio".

En Polonia, uno 300 mil fieles se congregaron en Cracovia para seguir la ceremonia en simultáneo desde pantallas gigantes colocado en el convento de las hermanas Faustinas, a las afueras de la ciudad.

El Vaticano reconoció como milagros de la Madre Kowalska las curaciones de un sacerdote estadounidense, el P. Ronald Pytel -que sufría gravemente del corazón-, y de Maureen Digan, también norteamericana, afectada por un mal incurable.

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Sor Faustina marcó hitos en la vida del Pontífice
VATICANO, 1 May. 00 (ACI).- La Hermana Kowalska, quien a partir de la ceremonia dominical se ha convertido en Santa Faustina para toda la Iglesia, estuvo presente en numerosas ocasiones en la vida del Papa Juan Pablo II.

El actual Pontífice solía detenerse a rezar en el monasterio de Lagiewniki en Cracovia, donde se encontraba la tumba de la recientemente fallecida Hermana Kowalska, cuando como obrero y seminarista clandestino iba de camino a la fábrica "Solvay".

Más tarde, como Arzobispo de Cracovia en la década del 60, él mismo inició el proceso diocesano para impulsar su causa de beatificación. Fue en aquella ocasión que declaró a la religiosa promotora de la devoción a la Divina Misericordia como "hija de Polonia íntimamente conectada a la historia del siglo XX".

El entonces arzobispo polaco jamás imaginaría que él se convertiría en el Pontífice que la proclamaría beata el 18 de abril de 1983.

Ahora, el Papa ha convertido a la hermana Faustina en la primera santa de la iglesia católica en el nuevo milenio y la número 297 de su pontificado.

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La Santa Sede decreta el Día de la Divina Misericordia
Una Propuesta de Faustina Kowalska
CIUDAD DEL VATICANO, 23 mayo (ZENIT.org).- La Sala de Prensa de la Santa Sede publicó hoy un decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, organismo vaticano presidido por el cardenal Jorge Arturo Medina, en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

La devoción a la Divina Misericordia constituye un auténtico movimiento espiritual dentro de la Iglesia católica promovido por Faustina Kowalska, a quien el pontífice canonizó el 30 de abril. El Papa había escogido aquel día para anunciar la sorpresa: «En todo el mundo --explicó en aquella ocasión--, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización. De este modo, el decreto que ahora publica la Congregación para el Culto Divino sirve para anunciar de manera oficial a la Iglesia universal el deseo de este Papa que dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).

Faustina Kowalska, una religiosa polaca que falleció a los 33 años (en 1938), vivió una experiencia mística de consagración a la divina misericordia, un itinerario atravesado por visiones, revelaciones, estigmas escondidos. Todo ello anotado en su diario, por sugerencia de su director espiritual. El centro de su vida fue el anuncio de la misericordia de Dios por cada ser humano. Un mensaje que ha tocado el corazón de muchas personas sencillas pero también ha maravillado a numerosos teólogos, sorprendidos al encontrar en los escritos de la religiosa, alejada de los estudios, una profundidad extraordinaria.

En la experiencia de la religiosa polaca, se inspiran los apóstoles de la Divina Misericordia, un movimiento integrado por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.

El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.
ZS00052310

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Celebración de la Divina Misericordia ya es fiesta universal
VATICANO, 24 May. 00 (ACI).- Siguiendo una iniciativa presentada en la canonización de Faustina Kowalska, la Santa Sede anunció oficialmente que el Segundo Domingo de Pascua será conocido de ahora en adelante como el Domingo de la Divina Misericordia.
Un decreto oficial vaticano, publicado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, estableció la fiesta en el Misal Romano y en la Liturgia de las Horas.

El decreto tiene como fecha 5 de mayo, pero ayer fue hecho público.

La proclamación oficial de la fiesta se dio poco tiempo después de la canonización de Faustina, celebrada el 30 de abril en el Vaticano.

Fue en esa ocasión, que el Papa Juan Pablo II indicó su deseo de establecer la fiesta. Santa Faustina, que comenzó la difusión de la devoción a la Divina Misericordia, falleció en Cracovia en 1938, y beatificada por el Pontífice el 18 de abril de 1983.

Sor Faustina nació el 25 de agosto de 1905, en el seno de una familia pobre de Glogowiec, y a la edad de 20 años ingresó a la Congregación de Nuestra Señora de la Misericordia, donde desempeñó cargos modestos como cocinera, jardinera y portera. El 22 de febrero de 1931, cuando se encontraba en un convento en Plock, recibió la visión en la que Jesucristo se le apareció pidiéndole promover la celebración de la Divina Misericordia.

La imagen con la que Jesús se le apareció a Sor Faustina es ahora famosa mundialmente: en túnica blanca, elevando una mano en gesto de bendición y la otra señalando su corazón, desde donde parten dos rayos de luz azul y roja. Sor Faustina murió el 5 de octubre de 1938.

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La Misericordia Divina, respuesta a las expectativas del hombre de hoy
Juan Pablo II celebra el Domingo de la Misericordia Divina

CIUDAD DEL VATICANO, 23 abril 2001 (ZENIT.org <http://www.zenit.org/>).- En la Misericordia Divina se encuentra la respuesta a las expectativas de los hombres y mujeres del nuevo milenio, creyentes y no creyentes. Lo aseguró este domingo pasado Juan Pablo II al celebrar la eucaristía un año después de la canonización de sor Faustina Kowalska, don "para toda la humanidad".

"¡La Misericordia Divina! Este es el don pascual que la Iglesia recibe de Cristo resucitado y que ofrece a la humanidad, en la aurora del tercer milenio", explicó el Papa en la homilía de la misa celebrada en la plaza de San Pedro del Vaticano. En ese domingo segundo de Pascua, desde el año pasado, la Iglesia católica celebra por indicación del mismo Papa el "Domingo de la Misericordia Divina".

La mensajera de la devoción a la Misericordia Divina fue una joven polaca, Faustina Kowalska fallecida a los 33 años (1905-1938). Vivió trece años de vida religiosa desempeñando humildes oficios (cocinera, jardinera y portera). En este ambiente, sin embargo, experimentó una apasionante aventura espiritual, que estuvo marcada por visiones, revelaciones, estigmas escondidos... Su experiencia mística se concentró en la consagración a la Misericordia Divina y en un lema: "Jesús en ti confío".

En la religiosa polaca, se inspiran los apóstoles de la divina misericordia, un movimiento integrado por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la Misericordia Divina, e invocar la misericordia de Dios para los hombres. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy al menos en 30 países del mundo. Sor Faustina fue canonizada por Juan Pablo II el 30 de abril de 2000.

El obispo de Roma repitió ayer el mismo mensaje que pronunció Jesús a sus discípulos tras la resurrección: "¡No tengáis miedo!". Cristo, "que implora perdón para sus verdugos y abre de par en par las puertas del cielo a los pecadores arrepentidos" constituye un motivo de esperanza no sólo para los creyentes, sino incluso para quienes no creen.

"En Cristo, humillado y sufriendo --afirmó--, creyentes y no creyentes pueden admirar una solidaridad sorprendente, que le une a nuestra condición humana más allá de toda medida imaginable".

Su amor, que con la resurrección se muestra más fuerte que la muerte y el pecado, "se revela y se vive como misericordia en nuestra existencia cotidiana y solicita a todo hombre que tenga a su vez "misericordia" por el Crucificado".

"¿No es acaso el programa de vida de todo bautizado y de toda la Iglesia amar a Dios y amar al prójimo, incluso a los "enemigos", siguiendo el ejemplo de Jesús?", preguntó el sucesor del apóstol Pedro.

Por este motivo, la canonización de Faustina Kowalska, "testigo y mensajera del amor misericordioso del Señor", aclaró, "no sólo representa un don para Polonia, sino para toda la humanidad".

"De hecho --concluyó--, el mensaje del que fue portadora constituye la respuesta adecuada e incisiva que Dios ha querido ofrecer a las preguntas y expectativas de los hombres de nuestro tiempo, marcado por tragedias inmensas. Un día Jesús le dijo a sor Faustina: "La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la Misericordia Divina".

ZS01042307

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Juan Pablo II celebró la fiesta de la Divina Misericordia como don pascual

VATICANO, 23 Abr. 01 (ACI).- El Papa Juan Pablo II celebró por vez primera el II Domingo de Pascua, como el día de la Divina Misericordia, y recordó que éste "es el don pascual que la Iglesia recibe de Cristo resucitado y que ofrece a la humanidad, al alba del tercer milenio".

El Pontífice se reunió con unas 40 mil personas congregadas en la Plaza de San Pedro y expresó su alegría de poderse unir a los peregrinos llegados de diversas partes del mundo "para conmemorar a un año de distancia, la canonización de Sor Faustina Kowalska, testigo y mensajera del amor misericordioso del Señor".

"La elevación a los altares de esta humilde religiosa, hija de mi tierra, no representa un don sólo para Polonia, sino para toda la humanidad. El mensaje del que es portadora constituye la respuesta adecuada e incisiva que Dios ha querido ofrecer a las súplicas y a las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo, marcado por enormes tragedias", indicó el Papa.

El Santo Padre afirmó que del Corazón de Cristo "colmo de ternura santa Faustina Kowalska vio emanar dos rayos de luz que iluminaban el mundo. 'Los dos rayos -según cuanto Jesús le confió- representan la sangre y el agua'. La sangre recuerda el sacrificio del Gólgota y el misterio de la Eucaristía; el agua, según la rica simbología del evangelista Juan, hace pensar en el bautismo y en el don del Espíritu Santo".

"A través del misterio de este corazón herido, no cesa de extenderse también sobre los hombres y las mujeres de nuestra época el flujo sanador del amor misericordioso de Dios. Quien anhela la felicidad auténtica y duradera sólo aquí puede encontrar el secreto", concluyó el Papa.

Con la Madre de la Misericordia

Después de la Misa, el Papa se dispuso a rezar el Regina Coeli. "Mientras nos acercamos al final de esta solemne celebración eucarística dirigimos nuestra mirada a María Santísima a la que hoy invocamos con el nombre dulcísimo de 'Mater misericordiae'. María es 'Madre de la Misericordia', porque es madre de Jesús, en el cual Dios ha revelado al mundo su 'corazón' desbordante de amor".

El Papa recordó que "precisamente a través de la maternidad de la Virgen María se comunica al mundo la pasión de Dios por el ser humano".

María estuvo "íntimamente asociada a la pasión, muerte y resurrección del Hijo divino. A los pies de la cruz la Virgen se convierte en madre de los discípulos de Cristo, madre de la Iglesia y de la humanidad entera. 'Mater misericordiae'", indicó.

Hablando en polaco, el Papa dio gracias "junto a vosotros a Dios que hace casi un año me concedió la gracia de canonizar a sor Faustina Kowalska, el apóstol elegido de Cristo misericordioso, y de proclamar el segundo domingo de Pascua, Fiesta de la Misericordia de Dios, para toda la Iglesia".

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SANTO PADRE: SÓLO EN JESÚS EL HOMBRE HALLA LA AUTÉNTICA FELICIDAD

Roma, 23 (NE - eclesiales.org) "Queremos dar gracias al Señor por su amor, que es más fuerte que la muerte y que el pecado", proclamó el día de ayer -Domingo II de Pascua, "Domingo de la Divina Misericordia"-, el Papa Juan Pablo II, durante la Eucaristía que celebró en la Plaza de San Pedro. En su homilía, el Santo Padre recordó, siguiendo su Encíclica "Dives in misericordia", que "la Cruz, incluso luego de la Resurrección del Hijo de Dios, 'habla y no deja jamás de hablar de Dios Padre, que es absolutamente fiel a su eterno amor hacia el hombre... Creer en tal amor significa creer en la misericordia'".

Más adelante, el Pontífice dijo que el "Sagrado Corazón" del Señor Jesús "no cesa de expandir sobre los hombres y mujeres de nuestra época el flujo restaurador del amor misericordioso de Dios". "Quien anhela la felicidad auténtica y duradera, sólo en Él puede hallar el secreto", añadió.

Asimismo, el Papa recordó con alegría la canonización de sor Faustina Kowalska, a quien llamó "testimonio y mensajera del amor misericordioso del Señor". La religiosa polaca fue canonizada por el Papa Juan Pablo II en abril de 2000. En aquella ocasión, el Santo Padre anunció que en los próximos años, el segundo Domingo de Pascua recibiría el nombre de domingo de la Divina Misericordia. "Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros", afirmó en ese entonces.

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PAPA RECUERDA MATERNIDAD ESPIRITUAL DE SANTA MARÍA

Roma, 23 (NE - eclesiales.org) Al concluir el día de ayer la celebración Eucarística con ocasión del Domingo de la Divina Misericordia, el Papa Juan Pablo II rezó la oración del Regina Caeli con los fieles y peregrinos presentes en la Plaza San Pedro. "Al concluir esta solemne celebración Eucarística, dirigimos la mirada a María Santísima, que hoy invocamos con el dulcísmo título de 'Mater misericordiae'. María es 'Madre de la
Misericordia' porque es madre de Jesús, en quien Dios ha revelado al mundo su 'corazón' rebosante de amor", señaló el Papa en su reflexión antes de la oración mariana.

"Es precisamente mediante la maternidad de la Virgen María que la compasión de Dios por el hombre se ha comunicado al mundo. Iniciada en Nazaret por obra del Espíritu Santo, la maternidad de María ha tenido cumplimiento en el misterio pascual, cuando Ella fue íntimamente asociada a la Pasión, Muerte y Resurrección del divino Hijo. A los pies de la cruz la Virgen se convierte en Madre de los discípulos de Cristo, madre de la Iglesia y de la humanidad toda". "Y ahora -concluyó el Pontífice- con el rezo del 'Regina Caeli' queremos pedir a María el vivir íntimamente la alegría de la Resurrección, y cooperar comprometidamente en el designio universal de la misericordia divina".

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Juan Pablo II: La divina Misericordia, manantial de la auténtica paz Intervención del Papa antes de rezar el Regina Caeli

CIUDAD DEL VATICANO, 7 abril 2002 (ZENIT.org).- Por indicación de Juan Pablo II los católicos celebraron este domingo una Jornada de oración por la paz en Oriente Medio. El Papa dedicó a este argumento su encuentro dominical con los peregrinos. Publicamos las palabras que pronunció antes de rezar la oración mariana del Regina Caeli.

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¡Queridos hermanos y hermanas!

1. «¡Paz a vosotros!». Así se dirige Jesús a los apóstoles en la página del Evangelio de este domingo, que cierra la Octava de Pascua. En estas horas, este saludo encuentra en nuestros espíritus un eco particularmente profundo ante la persistencia preocupante de enfrentamientos en Tierra Santa. Precisamente por este motivo he pedido a los hijos de la Iglesia que se unan hoy, en una unánime y insistente imploración por la paz.

La paz es don de Dios. El Creador mismo ha escrito en el corazón de los hombres la ley del respeto de la vida. «Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre», dice el Génesis (9, 6). Cuando al rededor domina la lógica despiadada de las armas, sólo Dios puede reconducir los corazones y los pensamientos hacia la paz. Sólo Él puede dar las energías que son necesarias para liberarse del odio y de la sed de venganza y emprender el camino de la negociación de cara al acuerdo y la paz.

¿Cómo es posible olvidar que israelíes y palestinos, siguiendo el ejemplo de Abraham, creen en el único Dios? A Él, revelado por Jesús como Padre misericordioso, se eleva la oración conjunta de los cristianos, quienes repiten con san Francisco de Asís: «Señor, hazme instrumento de tu paz».

Mi recuerdo, en este momento, se dirige en particular a las comunidades de franciscanos, de greco-ortodoxos, de armenios ortodoxos, que viven oras difíciles en la Basílica de la Natividad. A todos les aseguro mi constante oración.

2. La liturgia de hoy nos invita a encontrar en la divina Misericordia el manantial de esa auténtica paz que Cristo resucitado nos ofrece. Las llagas del Señor resucitado y glorioso constituyen el signo permanente del amor misericordioso de Dios por la humanidad. De ellas mana una especie de luz espiritual que ilumina las conciencias e infunde en los corazones consuelo y esperanza.

«Jesús, en ti confío» repetimos en esta hora complicada y difícil, sabiendo que tenemos necesidad de esa divina Misericordia que desde hace más de medio siglo el Señor manifestó con gran amplitud a santa Faustina Kowalska. Que allí donde las pruebas y las dificultades son más ásperas, se haga más insistente la invocación al Señor resucitado, se haga más sentida la imploración del don de su Santo Espíritu, manantial de amor y de paz.

3. Confiemos nuestra oración a María a quien recordaremos de manera especial mañana, en la fiesta litúrgica de la Anunciación del Señor. El misterio de la concepción de Jesús en el seno de la Virgen por obra del Espíritu Santo nos recuerda que la vida humana, asumida por Cristo, es inviolable desde el primer instante. La contemplación del misterio nos lleva a renovar el compromiso de amar, acoger, servir la vida. Un compromiso que une a creyentes y no creyentes, pues «la defensa y la promoción de la vida no son monopolio de nadie, sino tarea y responsabilidad de todos» (Evangelium vitae, 91).

La Virgen, Madre de Misericordia, que en el anuncio del Ángel concibió al Verbo encarnado, nos ayude a respetar siempre la vida y a promover unánimemente la paz.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit] ZS02040704

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El Papa trae el mensaje de la misericordia a la nueva Polonia Aterriza en el aeropuerto de Cracovia

CRACOVIA, 16 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II aseguró al aterrizar este vienes en Cracovia que viene para anunciar el mensaje de la misericordia --divina y humana-- a su país sumergido en profundos cambios tras la era comunista.

«Esta es una nueva peregrinación en la que puedo observar cómo los polacos administran la reconquistada libertad», afirmó el pontífice, quien repitió las famosas palabras que pronunció en 1979 durante su primera visita en pleno régimen: «No tengáis miedo».

Al comenzar su octava peregrinación oficial a Polonia, el Papa recibió la bienvenida del actual presidente polaco, el ex comunista Aleksander Kwasniewski y del cardenal Franciszek Macharski, su sucesor en la sede arzobispal de Cracovia.

A pesar de que estas ceremonias suelen ser protocolarias, el ambiente era muy distendido. Al pasar a saludar a un destacamento de soldados que le rendían homenaje, los uniformados rompieron filas para sacar fotos de cerca al pontífice.

El pontífice demostró estar de estupendo humor. Interrumpió su discurso entre sonrisas para pedir perdón porque a diferencia del presidente Kwasniewski y del cardenal Macharski pronunció su discurso sentado. «La culpa es de este atril que me han puesto y que no me deja levantarme», afirmó.

«Lo que parecía inimaginable se ha verificado», reconoció por su parte el cardenal de Cracovia al saludarle.

Esperaban al Papa, escuchando los cantos de montañeros de los montes Tatra, unas 20 mil personas en el aeropuerto y en las afueras de aeropuerto de Cracovia-Balice que lleva por nombre Juan Pablo II.

Claramente conmovido y sonriente, el Papa bajó por su propio pie las escaleras del avión de la compañía Alitalia que le trajo desde Roma. Mientras besaba tierra polaca, que le presentaron en una cesta, los presentes gritaban «Bienvenido a casa», «Te queremos», «Benivenido a Cracovia».

«Lo que sucede en Polonia me preocupa profundamente --dijo el Papa en su discurso--. Sé que nuestra patria ha cambiado mucho desde mi primera vista en 1979», un año después de su elección a la sede de Pedro.

La Iglesia católica ha afirmado siempre «que no se puede construir un futuro feliz para la sociedad basado en la pobreza, la injusticia, el sufrimiento de un hermano», dijo haciendo referencia al 18% de sus compatriotas en edad de trabajo que hoy no tienen trabajo.

Tras criticar los modelos de desarrollo basados en el materialismo, el pontífice afirmó que «los hombres que respetan el espíritu de la ética social católica no pueden quedar indiferentes ante la suerte de quienes se quedan sin trabajo, de quienes viven en una pobreza creciente sin perspectiva de mejorar su situación y el porvenir de sus hijos».

A la nueva Polonia marcada por las desigualdades el primer Papa polaco de la historia presentó el mensaje de la divina misericordia, anunciado por una joven polaca, sor Faustina Kowalska (1905-1938).

Este sábado cumplirá con su primera y principal etapa, reconoció él mismo: la dedicación del nuevo santuario del la Divina Misericordia que surge en las afueras de Cracovia, «centro mundial de la devoción a Jesús misericordioso», añadió.

Y como relejo de la Misericordia de Dios presentó asimismo el ejemplo de los cuatro nuevos beatos --Zygmunt Szczesny Felinski (1822-1895) , Jan Balicki (1869-1948) , Jan Beyzym (1850-1912) , Sancja Szymkowiak (1910-1942) -- que elevará el domingo en una misa multitudinaria en el parque de Blonie en Cracovia.

El lunes el pontífice celebrará el cuarto centenario de la dedicación del Santuario de la Pasión de Jesús y de la Virgen de los Dolores en la Basílica de Kalwaria Zedrzydowska, centro ligado a su infancia --reconoció en el discurso--, y en el que tomó decisiones difíciles en su arzobispado.

Tras despedirse de los presentes, el pontífice se dirigió al arzobispado de Cracovia, su antigua residencia, donde pernoctará hasta el próximo lunes, día en que concluirá la peregrinación apostólica a su país. ZS02081608

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Polonia abraza al Papa en un viaje de connotaciones emotivas Visita lugares sumamente queridos por Karol Wojtyla

CRACOVIA, 16 agosto 2002 (ZENIT.org).- Está dedicado a la divina misericordia el octavo viaje de Juan Pablo II a Polonia, que durante cuatro días le permitirá visitar lugares sumamente queridos de su entrañable Cracovia.

El programa prevé tres grandes celebraciones públicas, encuentros con las autoridades políticas y con representantes de la Iglesia, y dos momentos «privados»: una visita a la tumba de su familia, en el cementerio monumental de Rakowice (Cracovia), y un momento de oración en la catedral de Wawel.

El Papa llegó en la tarde de este viernes a Cracovia, ciudad de la que fue arzobispo y donde transcurrió gran parte de su vida antes de ser elegido Papa el 16 de octubre de 1978, donde fue acogido por el presidente de la República, el ex comunista Aleksander Kwasniewski, y del cardenal Franciszek Macharski, arzobispo de Cracovia.

El sábado el obispo de Roma celebrará una misa y dedicará el nuevo santuario de la Divina Misericordia de Lagiewniki, cerca de Cracovia. En la tarde se volverá a encontrar con el presidente de la República, con el primer ministro, y las autoridades locales.

El domingo celebrará una eucaristía multitudinaria en el parque Blonie, en Cracovia, en la que beatificará a cuatro polacos: Zygmunt Szczesny Felinski (1822-1895) , Jan Balicki (1869-1948) , Jan Beyzym (1850-1912) , Sancja Szymkowiak (1910-1942).

Tras almorzar con los obispos polacos, el primer Papa polaco de la historia visitará en privado la catedral de Wawel y luego la tumba de sus familiares en el cementerio de Rakowice.

El lunes, 19 de agosto, antes de regresar a Roma, el Papa presidirá una última misa en el santuario de la Pasión de Jesús y de la Virgen de los Dolores en la Basílica de Kalwaria Zedrzydowska, a unos cuarenta kilómetros de Cracovia, con motivo del cuarto centenario de la dedicación de este lugar sagrado. ZS02081609

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PAPA INICIA HOY PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA

Roma, 16 (NE - eclesiales.org) El Papa Juan Pablo II confió el día de ayer su próximo viaje apostólico, que lo llevará a su tierra natal, Polonia, a la Santísima Virgen María. Al concluir su breve alocución antes de la oración del Ángelus, el Papa recordó su siguiente peregrinación apostólica, la número 98 fuera de Italia, que iniciará el día de hoy.

Durante el encuentro con los peregrinos en el palacio apostólico de Castelgandolfo, el Papa dirigió asimismo un saludo al pueblo polaco, que una vez más lo espera con los brazos abiertos. Reunidos en el santuario de Kalwaria Zedrzydowska, fieles polacos siguieron en directo las palabras del Papa a través de grandes pantallas de vídeo que allí se instalaron. El Papa les saludó en su lengua y les aseguró que "me uno espiritualmente a vosotros, confiando en poder acompañaros dentro de muy poco tiempo para dar gracias a Dios por todas las bondades que ha derramado sobre las diversas generaciones de fieles en estos cuatro siglos".

El viaje del Papa que se inicia hoy concluirá el día 19 de agosto. Uno de los objetivos principales de la visita del Papa será la inauguración el sábado 17 de agosto del Santuario de la Divina Misericordia en el distrito de Lagiewniki. El día domingo el Papa sostendrá un encuentro con los fieles, al presidir una Eucaristía en un parque de la ciudad, durante la cual proclamará cuatro beatos. El día lunes acudirá al santuario de Kalwaria Zedrzydowska, donde presidirá la Eucaristía, con ocasión del 400 aniversario de la dedicación del Santuario de la Pasión de Jesús y de la Virgen Dolorosa.

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María Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia
Biografía publicada por la Santa Sede

CRACOVIA, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Publicamos la biografía de sor María Faustina Kowalska (1905-1938), mensajera de la Divina Misericordia, presentada por la Santa Sede en su página web (http://www.vatican.va).
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Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada sobre la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.

Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre diez hermanos en la familia de Mariana y Estanislao Kowalski, campesinos de la aldea de Głogowiec. En el santo bautizo, celebrado en la iglesia parroquial de Świnice Warckie, se le impuso el nombre de Elena. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, la laboriosidad, la obediencia y una gran sensibilidad ante la pobreza humana. A los 9 años recibió la Primera Comunión. La vivió muy profundamente, consciente de la presencia del Huésped Divino en su alma. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para, trabajando de empleada doméstica en casas de familias acomodadas de Aleksandrów, Łódź y Ostrówek, mantenerse a sí misma y ayudar a los padres.

Ya desde los 7 años sentía en su alma la llamada a la vida religiosa, pero ante la negativa de los padres para su entrada en el convento, intentó apagar dentro de sí la voz de la vocación divina. Sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente fue a Varsovia y allí, el 1 de agosto de 1925 entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia donde, como sor María Faustina, vivió trece años. Trabajó en distintas casas de la Congregación. Pasó los períodos más largos en Cracovia, Płock y Vilna cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su singular intensa vida mística. Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y callada, pero a la vez natural, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios.

Su espiritualidad se basa en el misterio de la Divina Misericordia, que ella meditaba en la Palabra de Dios y contemplaba en lo cotidiano de su vida. El conocimiento y la contemplación del misterio de la Divina Misericordia desarrollaban en ella una actitud de confianza de niño hacia Dios y la caridad hacia el prójimo. Oh Jesús mío --escribió-- cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. (Diario 1242). Sor Faustina era una fiel hija de la Iglesia a la que amaba como a Madre y como el Cuerpo Místico de Jesucristo. Consciente de su papel en la Iglesia, colaboró con la Divina Misericordia en la obra de salvar a las almas perdidas. Con este propósito se ofreció como víctima cumpliendo el deseo del Señor Jesús y siguiendo su ejemplo. Su vida espiritual se caracterizó por el amor a la Eucaristía y por una profunda devoción a la Madre de la Divina Misericordia.

Los años de su vida en el convento abundaron en gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, el don de bilocación, los dones de leer en las almas humanas, de profecía y de desposorios místicos. Un contacto vivo con Dios, con la Santísima Madre, con ángeles, santos y almas del purgatorio: todo el mundo extraordinario no era para ella menos real que el mundo que percibía a través de los sentidos. Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin embargo, que no son éstas las que determinan la santidad. En el Diario escribió:Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios (Diario 1107).

El Señor Jesús escogió a sor Faustina por secretaria y apóstol de su misericordia para, a través de ella, transmitir al mundo sugran mensaje. En el Antiguo Testamento --le dijo-- enviaba a los profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a todala humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso (Diario 1588).

La misión de sor Faustina consiste en 3 tareas:

--Acercar y proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el amor misericordioso de Dios a cada persona.

--Alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, y especialmente para los pecadores, por ejemplo a través de la práctica de las nuevas formas de culto a la Divina Misericordia, presentadas por el Señor Jesús: la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: Jesús, en ti confío, la fiesta de la Divina Misericordia, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (las tres de la tarde). A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

--La tercera tarea es inspirar un movimiento apostólico de la Divina Misericordia que ha de proclamar y alcanzar la misericordia de Dios para el mundo y aspirar a la perfección cristiana siguiendo el camino trazado por la beata sor María Faustina. Este camino es la actitud de confianza de niño hacia Dios que se expresa en cumplir su voluntad y la postura de caridad hacia el prójimo. Actualmente este movimiento dentro de la Iglesia abarca a millones de personas en el mundo entero: congregaciones religiosas, institutos laicos, sacerdotes, hermandades, asociaciones, distintas comunidades de apóstoles de la Divina Misericordia y personas no congregadas que se comprometen a cumplir las tareas que el Señor Jesús transmitió por sor María Faustina.

Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. Secretaria de mi más profundo misterio --dijo el Señor Jesús a sor María Faustina-- tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí (Diario 1693). Esta obra acerca de modo extraordinario el misterio de la misericordia Divina. Atrae no solamente a la gente sencilla sino también a científicos que descubren en ella un frente más para sus investigaciones. El Diario ha sido traducido a muchos idiomas, por citar algunos: inglés, alemán, italiano, español, francés, portugués, árabe, ruso, húngaro, checo y eslovaco.

Sor María Faustina extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. La fama de la santidad de su vida iba creciendo junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia y a medida de las gracias alcanzadas por su intercesión. Entre los años 1965-67 en Cracovia fue llevado a cabo el proceso informativo sobre su vida y sus virtudes y en 1968 se abrió en Roma el proceso de beatificación, concluido en diciembre de 1992. El 18 de abril de 1993, en la Plaza de San Pedro de Roma, el Santo Padre Juan Pablo II beatificó a Sor María Faustina. Sus reliquias yacen en el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia-Łagiewniki. Fue canonizada el 30 de abril de 2000.
ZS02081808

 

POLONIA RECIBE CON GRAN ENTUSIASMO AL PAPA JUAN PABLO II

Roma, 17 (NE - eclesiales.org) Polonia recibió ayer con los brazos abiertos al Papa Juan Pablo II, quien visita por octava ocasión su tierra natal. Fieles de diversos lugares del país han acudido a Cracovia para encontrarse con el Papa, y la ciudad se encuentra llena de afiches con la imagen del Pontífice y alusivos a su nueva visita pastoral. En total, unos cuatro millones de personas esperan ver al Papa en las calles, las carreteras, el santuario de la Misericordia Divina y el santuario de Kalwaria Zebrzydowska.

Tras descender las escalerillas del avión, el Papa fue aclamado por la multitud que se congregó en el aeropuerto a recibirlo. Mientras besaba tierra polaca, que le presentaron en una cesta, los presentes gritaban "Bienvenido a casa", "Te queremos", "Bienvenido a Cracovia".

"Esta es una nueva peregrinación en la que puedo observar cómo los polacos administran la reconquistada libertad", afirmó el Pontífice, quien repitió las famosas palabras que pronunció en 1979 durante su primera visita: "No tengáis miedo". Durante la ceremonia de bienvenida, el Papa manifestó su gran alegría por la visita. En un momento interrumpió su discurso entre sonrisas para pedir perdón porque a diferencia del presidente Kwasniewski y del cardenal Macharski pronunció su discurso sentado. "La culpa es de este atril que me han puesto y que no me deja levantarme", bromeó.

Asimismo, el Papa recordó el motivo central de su visita, la inauguración del santuario de la Divina Misericordia. "Desde aquí, gracias al humilde servicio de un testigo insólito -Santa Faustina- resuena el mensaje evangélico del amor misericordioso de Dios. Mi primer objetivo es el santuario de la Misericordia Divina. Me alegra poder consagrar un nuevo templo, que se convertirá en un centro mundial del culto a Jesús Misericordioso", afirmó.

Al concluir la ceremonia, el Papa se dirigió al arzobispado de Cracovia, donde residirá hasta el día lunes que concluye su visita.

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ARZOBISPO DE CRACOVIA: EL PAPA INVITARÁ A "ABRIR LAS PUERTAS A CRISTO"

Roma, 17 (NE - eclesiales.org) Al iniciar su octavo viaje a Polonia, su tierra natal, el Papa Juan Pablo II fue recibido por el Presidente de la República polaca, Kwasniewski, y por el Arzobispo de Cracovia, el Cardenal Franciszek Macharski. El Cardenal Macharski, señaló antes del arribo del Pontífice que su mensaje a Polonia es esperado con ansias por todos sus compatriotas y que será una respuesta "a las alegrías, las esperanzas e incluso a las lágrimas" de los polacos. "Esta respuesta -comentó el Cardenal- es la misma que el Santo Padre ha proclamado en su primera homilía en la Plaza San Pedro en octubre de 1978: 'abrid las puertas' a Cristo".

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El Papa se pone en las manos de Dios ante más de dos millones de fieles

CRACOVIA, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Con un espontáneo diálogo con los más de dos millones de fieles que participaron este domingo en una imponente misa, Juan Pablo II puso su vida y ministerio en las manos de Dios.

«Adiós. Os quiero decir que os veré pronto, pero esto está totalmente en las manos de Dios», declaró el Santo Padre tras la beatificación de cuatro polacos en la explanada del parque Blonie, bajo un sol aplanador.

«Te esperamos», respondió a coro una muchedumbre entusiasta.

«Lo encomiendo totalmente a la Divina Misericordia», respondió por su parte el Papa, claramente conmovido por el fervor de sus compatriotas.

«Te esperamos en Wadowice», su ciudad natal cerca de Cracovia, gritaron entonces unos jóvenes. Y la muchedumbre, añadió: «¡Quédate con nosotros! ¡Quédate con nosotros!».

«Me queréis convencer para que deserte de Roma», les dijo el Papa entre bromas, respondiendo indirectamente a los rumores --desmentidos por la Santa Sede-- que aseguraban el anuncio de su dimisión en Polonia para quedarse en su país hasta la muerte.

Cuando los fieles entonaron el canto «La barca», himno del movimiento de jóvenes católicos polacos «Oasis», el Papa se echó la mano a la frente, sin esconder la conmoción.

El himno decía «En la orilla dejo mi barca, pues me voy contigo, Dios mío».

«Este canto --dijo el Papa-- lo escuché cuando dejé Polonia, hace 23 años. Resonaba en mis oídos cuando oí el veredicto del cónclave», al ser elegido sucesor del apóstol Pedro el 16 de octubre de 1978.

«Lo he escuchado durante todos estos años. Siempre me ha recordado mi patria y me ha guiado por los diferentes caminos de la Iglesia», añadió.

En la explanada se agitaron entonces banderas de numerosos países. Había peregrinos de Hungría, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Uzbekistán, Ucrania, Kazajstán, Italia, Francia, Alemania y Noruega. Otras pancartas enarbolaban corazones rojos o mensajes en los que se podía leer «Te queremos». ZS02081806

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El Papa preside la misa más multitudinaria de la historia de Polonia Ante el sufrimiento del hombre, presenta la misericordia de Dios

CRACOVIA, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II presentó este domingo, en la misa más multitudinaria de la historia de Polonia, en la que beatificó a cuatro hijos de esa nación, el mensaje de la eterna misericordia de Dios como respuesta al sufrimiento del hombre contemporáneo.

Unos 2,2 millones de personas se encontraban en la explanada del parque de Blonie en Cracovia. Otro millón llenaba los alrededores, según confirmaron fuentes de la Policía. Ha sido la reunión más concurrida de la historia moderna polaca.

En su homilía, bajo un intenso sol que provocó desmayos entre algunos de los presentes, el Papa Karol Wojtyla hizo una síntesis de el pensamiento que ha caracterizado sus casi 24 años de pontificado.

Recordó que desde el inicio de su existencia la Iglesia predica la misericordia de Dios, «prenda de esperanza y fuente de salvación para el hombre». Parece, sin embargo, añadió, «que hoy está particularmente llamada a anunciar al mundo este mensaje».

«No puede descuidar esta misión, si se lo pide el mismo Dios con el testimonio de santa Faustina Kowalska», dijo en referencia de la joven mística polaca, que vivió entre 1905-1938 y que recibió revelaciones y visiones de Cristo sobre su Divina Misericordia.

«Dios ha escogido para esto nuestro tiempo --añadió en su larga homilía el primer Papa polaco de la historia--. Quizá porque el siglo XX, a pesar de los indiscutibles éxitos en muchos campos, ha estado marcado de manera particular por el "misterio de la iniquidad". Con esta herencia del bien y del mal hemos entrado en el nuevo milenio».

«Ante la humanidad se abren nuevas perspectivas de desarrollo y, al mismo tiempo, peligros hasta ahora inéditos --constató continuando con su lectura de rasgos místicos de la historia contemporánea--. Con frecuencia el hombre vive como si Dios no existiera, y llegar a ponerse incluso en el puesto mismo de Dios. Se arroga el derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana».

«Quiere decidir, mediante manipulaciones genéticas, la vida del hombre y determinar el límite de la muerte --siguió denunciando--. Rechazando las leyes divinas y los principios morales, atenta abiertamente contra la familia. De diferentes maneras trata de acallar la voz de Dios en el corazón de los hombres, quiere hacer de Dios el "gran ausente" de la cultura y de la conciencia de los pueblos. El "misterio de la iniquidad" sigue caracterizando la realidad del mundo».

«Al experimentar este misterio, el hombre vive el miedo del futuro, del vacío, del sufrimiento, de la aniquilación. Quizá precisamente por esto es como si Cristo, a través del testimonio de una humilde religiosa [sor Faustina], hubiera entrado en nuestros tiempos para indicar claramente la fuente de alivio y de esperanza que se encuentra en la eterna misericordia de Dios».

«Es necesario hacer resonar el mensaje del amor misericordioso con nuevo vigor --aseguró--. El mundo tiene necesidad de este amor. Ha llegado la hora de hacer llegar el mensaje de Cristo a todos: en especial a quienes su humanidad y dignidad parece perderse en el "misterio de la iniquidad"».

«Ha llegado la hora en la que el mensaje de la Divina Misericordia debe llenar los corazones de esperanza y convertirse en chispa de una nueva civilización: la civilización del amor», subrayó sintetizando en una frase las encíclicas y documentos más importantes de este papado.

Juan Pablo II explicó a continuación que la Iglesia no sólo desea anunciar este mensaje con «fervientes palabras», sino también con «la práctica de la misericordia». Por eso, propuso en ese día el ejemplo de los cuatro nuevos beatos, acomunados por «la entrega a la causa de la misericordia».

Entre ellos se encuentra Zygmunt Szczesny Felinski (1822-1895), arzobispo de Cracovia durante 16 meses y deportado a Siberia por el poder zarista; el padre Jan Balicki (1869-1948), confesor, formador de seminaristas; el jesuita Jan Beyzym (1850-1912), «apóstol de los leprosos» en Madagascar; y sor Sancja Szymkowiak (1910-1942), conocida como «el ángel de la bondad por los franceses e ingleses, prisioneros del ejército alemán durante la segunda guerra mundial.

En la celebración eucarística, participaron el presidente de Polonia, Aleksander Kwasniewski, el de Lituania, Valdas Adamkus y el de Eslovaquia Rudolf Schuster.

El pontífice concluirá este lunes su octava visita a Polonia, la novena si se tiene en cuenta la visita de unas horas realizada en 1995 a Skoczow --sur de Polonia--, al margen de su peregrinación a la República Checa. ZS02081807

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El Papa encomienda el mundo a la Divina Misericordia Dedicación del santuario, foco mundial del mensaje de Faustina Kowalska

CRACOVIA, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II encomendó este sábado el mundo a la Divina Misericordia al dedicar el nuevo santuario que surge en Lagiewniki, barrio de Cracovia.

El pontífice explicó que este centro de peregrinación, levantado en tres años al lado del convento donde vivió y murió Faustina Kowalska (1905-1938) quiere llevar el mensaje de aquella joven mística polaca «a todos los habitantes de la tierra».

La dedicación del Santuario de la Misericordia Divina fue el acto más importante del viaje internacional número 98 de este pontificado, el octavo de Juan Pablo II a su tierra natal (o noveno, si se tiene en cuenta la visita de unas horas realizada en 1995 a Skoczow --sur de Polonia--, al margen de su peregrinación a la República Checa).

Las superficies blancas a los dos lados del altar proyectaban imágenes de vídeo que permitían a los 4.000 asistentes ver en primer plano la figura del Papa.

Por encima se elevaba el cuadro de Jesús Misericordioso sobre un enorme sagrario de oro en forma de globo terráqueo, rodeado por un arbusto sacudido por el viento, imagen de la lucha del ser humano contra su propia debilidad.

Unas 20.000 personas seguían la ceremonia desde el exterior del santuario. La multitud llegaba incluso hasta las calles lejanas, donde prácticamente no se escuchaba el sonido de los altavoces.

A esa distancia, adultos y jóvenes permanecían arrodillados en silencio sobre el asfalto y las aceras como si estuviesen cerca del altar. Más de doscientas mil personas esperaron ese sábado el paso del automóvil del Papa para verle por breves segundos.

Con voz emocionada, Juan Pablo II proclamó en la homilía: «en este santuario encomiendo hoy solemnemente el mundo a la Misericordia Divina, y lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado desde aquí por santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene los corazones de esperanza».

«¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! --exclamó el Papa--. En todos los continentes, desde lo profundo del sufrimiento humano, parece levantarse la invocación de la misericordia».

«Donde dominan el odio y la sed de venganza, donde la guerra lleva al dolor y la muerte de los inocentes es necesaria la gracia de la misericordia para aplacar las mentes y los corazones, y hacer que surja la paz».

«Donde desfallece el respeto de la vida y de la dignidad del hombre, es necesario el amor misericordioso de Dios, a la luz del cual se manifiesta el inefable valor de todo ser humano --siguió diciendo--. Es necesaria la misericordia para lograr que toda injusticia en el mundo encuentre su término en el esplendor de la verdad».

Al final de su larga homilía, el Papa citó las palabras de Jesús recogidas en el «Diario» de sor Faustina: «Desde aquí saltará la chispa que prepara el mundo para mi última venida».

«Es necesario encender esta chispa de la gracia de Dios --aclaró--. Es necesario transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la Misericordia de Dios el mundo encontrará la paz y el hombre, la felicidad».

El intenso calor provocado por la muchedumbre presente en el templo acabaron cansando al Papa; sin embargo, no quiso acortar ni un minuto del larguísimo rito de consagración del templo.

Llevado por la emoción, confesó espontáneamente: «¿Quién iba a pensar que alguien que llegaba aquí caminando con zuecos de madera llegaría un día a consagrar esta Basílica?», recordando que a pocos metros del santuario se encontraba la cantera de Solvay, en la que Karol Wojtyla trabajó en sus años de juventud, durante la dominación nazi.

Al final del acto, Juan Pablo II se encontró con el ex presidente Lech Walesa, ex líder del sindicato Solidaridad, que en los años ochenta cambiaría el curso de la historia en Polonia y Europa del Este. ZS02081802

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La cantera del obrero Wojtyla se convierte en centro universitario El Papa bendice el nuevo campus de la Universidad Jagellonica

CRACOVIA, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II bendijo este sábado el nuevo campus de la Universidad Jagellónica, que surge junto a la cantera de piedra en la que trabajó en su juventud, durante la dominación nazi.

Tras consagrar el santuario de la Divina Misericordia, que también se encuentra a pocos metros en esta zona de Cracovia, el Papa se detuvo para bendecir ante centenares de profesores la explanada en la que se alzará la biblioteca de la Pontificia Academia de Teología.

Se trata de un centro universitario fundado en 1981 por el mismo Papa para responder al cierre del Departamento de Teología de la Universidad Jagellonica por el Gobierno comunista en 1950.

En la zona surgirán también otros edificios del campus de esa Universidad, en la que Karol Wojtyla comenzó a estudiar filología hasta que Hitler invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939. El líder nazi cerró la universidad y deportó a los profesores a campos de concentración.

En el acto, el rector Franciszek Ziejka entregó al pontífice la tarjeta de estudiante «número uno» de las Universidades de Cracovia, aclarando que el carnet le da permiso a estudiar en todos los centros universitarios de la ciudad. ZS02081801

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El Papa analiza con el presidente de Polonia los efectos del 11 de septiembre Se informa sobre los pasos para la entrada del país en la UE

CRACOVIA, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II se entrevistó este sábado con el presidente de Polonia, Aleksander Kwasniewski, con quien analizó las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre en el mundo y abogó por un cambio en el pensamiento del hombre para que se imponga la paz.

El gobernante polaco le informó también del estado de las negociaciones para la entrada de Polonia en la Unión Europa (UE) y de la situación del país, cuya economía no avanza a la velocidad esperada.

En declaraciones a la prensa, Kwasniewski reveló que en su encuentro con el Papa, que tuvo lugar en la residencia del arzobispo de Cracovia, afrontó las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre y que el pontífice le expresó la necesidad de cambiar la manera de pensar del hombre para detener la espiral de violencia.

Kwasniewski, nacido en 1954, antiguo líder de organizaciones juveniles comunistas en Polonia, era miembro del comité ejecutivo de organizaciones comunistas en los años de apogeo del movimiento obrero de Solidaridad y de su supresión con la declaración de la ley marcial por el general Wojciech Jaruzelski.

Alcanzó la presidencia del país en 1995, en las que Lech Walesa perdió la reelección, y en el año 2000 fue reelegido.

El problema del desempleo, que afecta al casi el 20 por ciento de la población polaca, la ralentización de la economía, que no crece al ritmo estimado, la educación de los jóvenes y la lucha contra la pobreza fueron otros de los temas tratados en la conversación.

El Papa, según el presidente polaco, está perfectamente enterado de la situación del mundo y de su país, por el que se siente muy preocupado.

Kwasniewski aseguró que el obispo de Roma a sus 82 años está en perfecta forma intelectual. Resaltó que «no necesita papeles» para mantener un tema, que tiene pleno conocimiento de todo lo que habla y que su mente es muy lúcida.

Sobre la integración de Polonia en la UE, el Papa siguió con gran atención la exposición del presidente, aunque en esta ocasión no hizo un apoyo explicito a la entrada en la UE, motivo de polémica actual en algunos sectores del país.

Tras la entrevista, Juan Pablo II recibió al primer ministro, Leszek Miller. ZS02081804

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La foto más grande de la historia inmortaliza la misa del Papa en Cracovia Más de dos millones de personas podrán reconocerse en la misma

CRACOVIA, 18 agosto 2002 (ZENIT.org).- Más de dos millones de fieles aparecerán en la fotografía más grande del mundo, tomada este domingo en la explanada de Cracovia, durante la misa presidida por Juan Pablo II.

Los autores de la fotografía, en la que las caras de los peregrinos serán reconocibles, son cinco fotógrafos provistos con cámaras de gran formato.

Las cinco cámaras tomaron en total ocho fotos desde distintos puntos. Juntas conformarán una fotografía panorámica de un ángulo de 280 grados.

Para hacer la foto los profesionales dispusieron de una especie de atalaya de una altura de siete metros, desde la cual pudieron captar a toda la muchedumbre reunida en la explanada del parque Blonie.

Los profesionales garantizan que en la foto de familia con el Santo Padre todos los rostros que aparezcan serán perfectamente reconocibles.

La gigantesca imagen fue ideada por los fotógrafos de Gdansk Slawomir Pultyn y Jerzy Rados, quienes han anunciado que la publicarán en forma de un gran afiche de 2 metros de alto y 26 de ancho.

La fotografía será también fraccionada y publicada en un álbum especial que próximamente estará a la venta y en la que todos los participantes en la misa de la explanada podrán encontrar su rostro. Los fotógrafos han anunciado que todo el dinero que se recaude con la venta del álbum será donado a los orfelinatos y asilos de ancianos de Cracovia.

«La foto quiere ser un testimonio de nuestro tiempo, de los hombres y mujeres que viven en él. Gente de toda condición profesional y social, reunidos en un momento particular y extraordinario», ha declarado Pultyn.

Los dos fotógrafos han realizado ya empresas semejantes: una «foto de familia de los habitantes de Gdansk con motivo del final de siglo». ZS02081805

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El Papa pone su misión en manos de María En uno de los santuarios más importantes para su vida

KALWARIA ZEBRZYDOWSKA, 19 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II encomendó a la Virgen María este lunes el cumplimiento hasta el final su misión y le encomendó sus más sentidas preocupaciones al celebrar la eucaristía en uno de los santuarios más importantes para su vida.

Kalwaria Zebrzydowska, a 50 kilómetros de Cracovia, era el centro de peregrinaciones al que venía cuando era pequeño acompañado por su padre. A este lugar se dirigía también siendo arzobispo, cuando tenía que tomar decisiones difíciles, como recordó nada más llegar a Polonia el 16 de agosto.

«Madre santísima, nuestra señora de Kalwaria --rezó al concluir una homilía preñada de recuerdos personales--, alcanza también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu para que pueda cumplir hasta el final la misión que me ha encomendado el Resucitado».

«Pongo en tus manos todos los frutos de mi vida y de mi ministerio --siguió implorando--; te confío la suerte de la Iglesia, te entrego mi nación. Confío en ti y una vez más declaro ante ti: "¡Totus Tuus, María!».

«Todo tuyo» es precisamente el lema en latín del pontificado de Karol Wojtyla, que se inspira en las palabras del teólogo francés san Louis-Marie Grignon de Montfort (1673-1716), comenzado el 16 de octubre de 1978.

El pontífice desmintió de este modo los rumores de los medios de comunicación que habían anunciado en la víspera que el Santo Padre podría renunciar a su ministerio precisamente en este santuario.

Al Papa se le veía claramente conmovido. Antes de comenzar la eucaristía, en la que participaron las 500 personas que cabían en el templo, se recogió en un momento de íntima y larga meditación ante la imagen de la Virgen. Unas 20.000 personas seguían el acontecimiento desde la plaza contigua al santuario.

El pequeño Karol Wojtyla vino a este templo, acompañado por su padre, una año después de que falleciera su madre, cuando tenía nueve años. La última vez que había visitado el lugar sagrado fue en 1979, durante su primera visita a Polonia.

En la súplica a María, el obispo de Roma encomendó además las necesidades de los pobres y de los que sufren, a los desempleados, a los que no tienen casa, a las familias para que les infunda «el amor que permite superar todas las dificultades».

«Envuelve a los niños con el manto de tu protección para que no sean escandalizados», siguió diciendo en esta oración personal que expresaba sus más íntimas preocupaciones.

«Anima a las comunidades religiosas con la gracia de la fe, de la esperanza y de la caridad --añadió--. Haz que los sacerdotes sigan las huellas de tu Hijo ofreciendo cada día la vida por las ovejas. Alcanza para los obispos la luz del Espíritu Santo para que guíen la Iglesia en estas tierras hacia el Reino de tu Hijo por un camino único y derecho».

Al concluir su súplica, un largo aplauso estalló en el interior del recinto sagrado y en sus alrededores.

Tras la celebración eucarística, el Papa almorzó con la comunidad de los Frailes Menores, llamados también «Bernardinos», que custodian el santuario de Kalwaria Zebrzydowska.

El pontífice abandonó Polonia en la tarde de este jueves, poniendo fin así a su octava visita oficial a su país, la 98 peregrinación internacional de este pontificado. ZS02081905

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Juan Pablo II se despide de Polonia sin descartar una nueva visita Encomienda a la providencia el futuro de su país

CRACOVIA, 19 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II se despidió de Polonia en la tarde de este lunes confesando su tristeza, pero sin excluir una futura visita.

«Es una pena marcharse», confesó. «¡Quédate con nosotros!», le respondieron gritando las 20.000 personas que se reunieron en el aeropuerto internacional de Cracovia que lleva el nombre del pontífice.

La ceremonia se convirtió en una auténtica fiesta musical, en la que los cantos trataron de arrancar lágrimas al pontífice y de convencerle para que no se marchara. «Escucha tu corazón, vuelve aquí», cantó durante muchos minutos el coro.

El Papa Wojtyla, sin embargo, trató de superar la melancolía pensando en el futuro. «Muchos me han esperado. Muchos han querido encontrarse conmigo. No todos lo han logrado. Quizá la próxima vez...», dijo en su discurso.

El cardenal primado Józef Glemp, arzobispo de Varsovia, quien le despidió en nombre de los católicos del país, le invitó a volver para bendecir el Santuario de la Divina Providencia, cuando se concluyan las obras de construcción que ahora comienzan en la ciudad de la que es arzobispo.

«Aunque le hemos cansado, sabemos que le hemos alegrado», dijo por su parte el presidente de la República, Aleksander Kwasniewski.

En su discurso de despedida, Juan Pablo II recordó a los pobres y desempleados, que pagan el precio de los cambios que vive Polonia, e invitó a los responsables de la gestión del Estado y a los ciudadanos a responder con «espíritu de misericordia, de fraterna solidaridad, de concordia y de atención al bien de la Patria».

«Espero que, conservando estos valores, la sociedad polaca --que desde hace siglos forma parte de Europa-- encuentre el lugar que le corresponde en la estructuras de la Unión Europea --, en la que no sólo no perderá su identidad, sino que además podrá enriquecer con su tradición a este continente y a todo el mundo», afirmó el obispo de Roma.

La entrada de Polonia en la Unión Europea ha sido motivo de debate en los últimos años en el país, especialmente en algunos sectores católicos.

«¡Jesús, en ti confío!», fueron sus últimas palabras en tierra polaca. «Que esta sincera confesión traiga alivio a las futuras generaciones en el nuevo milenio. ¡Que Dios, rico en misericordia, os bendiga!».

Poco después despegaba el Boeing 737 de la compañía polaca LOT que, tras dos horas de vuelo, debía llevarle al aeropuerto de Roma. El pontífice debía dirigirse directamente a la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

Concluyó así la visita internacional número 98 de este pontificado, octavo viaje oficial a Polonia, (o noveno, si se tiene en cuenta la visita de unas horas realizada en 1995 al margen de su peregrinación a la República Checa). ZS02081906

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Juan Pablo II tras las huellas de Karol Wojtyla Intensas emociones en la tarde y noche de este domingo

CRACOVIA, 19 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II se asomó en la noche de este domingo a la ventana del arzobispado de Cracovia para cantar con centenares de fieles y expresar su deseo de volver a su patria, al final de una jornada cargada de fuertes emociones.

Tras entonar con energía una canción polaca, «Bienvenida, aleluya», no ocultó su tristeza al constatar que era la tercera y última de estas espontáneas apariciones a la ventana de que ha disfrutado en su octava visita oficial a Polonia.

Utilizando una expresión montañera, añadió: «A quien se va, se le dice: "vuelve otra vez". Es lo que deseo y creo que vosotros lo deseáis también».

Tras beatificar en la explanada del parque de Blonie a cuatro polacos en la eucaristía más concurrida de la historia de Europa (casi tres millones de fieles), Karol Wojtyla vivió hoy uno de los momentos más emotivos de su octavo viaje oficial a Polonia, al visitar en la tarde del domingo lugares indeleblemente ligados a su infancia, juventud, y apostolado.

El recorrido comenzó por la catedral de Wawel de Cracovia, construida entre 1320 y 1364 en estilo gótico. En una de sus capillas celebró su primera misa el 2 de noviembre de 1946, un día después de su ordenación sacerdotal.

En profundo silencio, Juan Pablo II oró y leyó el breviario durante más de media hora ante el altar mayor y después recorrió subido en la peana móvil el templo, trayendo a su memoria desde los años de juventud bajo la ocupación nazi hasta los de su ministerio episcopal como arzobispo de Cracovia.

A continuación se dirigió a la iglesia de San Florián, donde fue viceparroco. En un sencillo acto, recordó a los párrocos que trabajaron con él durante aquellos años y besó a numerosos niños que le entregaron ramos de flores, en medio de los aplausos de las miles de personas congregadas a lo largo de las calles.

El momento más emotivo se vivió en el cementerio de Rakowice. Subido en el «papamovil» llegó hasta la tumba donde se encuentran enterrados su padre Karol, su madre Emilia, y su hermano Edmund.

Sin bajarse del vehículo y apoyándose en la ventanilla bajada, el obispo de Roma se recogió en oración durante unos minutos. A continuación, encendió tres velas, una por cada miembro de su familia, que fueron colocadas sobre la tumba, sobre la que se habían colocado ramos de flores.

La madre del Papa falleció cuando él tenía nueve años, su hermano murió dos después y su padre cuando Karol Wojtyla tenía ya 21 años. ZS02081901

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PAPA PRESIDIÓ MULTITUDINARIA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA EN CRACOVIA

Roma, 19 (NE - eclesiales.org) Ante más de dos millones y medio de personas, que se congregaron ayer en el Parque Blonie en la ciudad de Cracovia, el Papa Juan Pablo II presidió una emotiva celebración Eucarística y elevó a los altares a cuatro polacos. En el marco de su octava peregrinación apostólica a Polonia, bajo el fuerte calor de agosto, el Santo Padre presidió la Misa más multitudinaria en la historia del país.

Cientos de miles de personas también siguieron la celebración en las plazas donde se habían instalado pantallas. Banderas de Polonia y del Vaticano, junto a otras de países como Hungría, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Uzbekistán, Ucrania, y Kazajstán, se agitaban en medio del mar humano congregado en Cracovia, ciudad en la que el Papa fue ordenado sacerdote y de la que fue Arzobispo antes de su elección a la Cátedra de Pedro.

"Dios ha escogido para esto nuestro tiempo" -señaló, haciendo referencia a las revelaciones recibidas por santa Faustina Kowalska sobre la Divina Misericordia, "quizá porque el siglo XX, a pesar de los indiscutibles éxitos en muchos campos, ha estado marcado de manera particular por el 'misterio de la iniquidad'. Con esta herencia del bien y del mal hemos entrado en el nuevo milenio".

"Ante la humanidad se abren nuevas perspectivas de desarrollo y, al mismo tiempo, peligros hasta ahora inéditos. Con frecuencia el hombre vive como si Dios no existiera, y llegar a ponerse incluso en el puesto mismo de Dios. Se arroga el derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana".

"Quiere decidir, mediante manipulaciones genéticas, la vida del hombre y determinar el límite de la muerte. Rechazando las leyes divinas y los principios morales, atenta abiertamente contra la familia. De diferentes maneras trata de acallar la voz de Dios en el corazón de los hombres, quiere hacer de Dios el 'gran ausente' de la cultura y de la conciencia de los pueblos. El 'misterio de la iniquidad' sigue caracterizando la realidad del mundo".

"Es necesario hacer resonar el mensaje del amor misericordioso con nuevo vigor. El mundo tiene necesidad de este amor. Ha llegado la hora de hacer llegar el mensaje de Cristo a todos: en especial a quienes su humanidad y dignidad parece perderse en el 'misterio de la iniquidad'".

"Ha llegado la hora -afirmó- en la que el mensaje de la Divina Misericordia debe llenar los corazones de esperanza y convertirse en chispa de una nueva civilización: la civilización del amor",

Durante la Eucaristía, el Papa elevó a los altares a Zygmunt Szczesny Felinski (1822-1895), Arzobispo de Cracovia; al padre Jan Balicki (1869-1948), confesor, formador de seminaristas; al padre Jan Beyzym (1850-1912), "apóstol de los leprosos" en Madagascar; y a sor Sancja Szymkowiak (1910-1942).

Por la tarde, el Papa realizó una emotiva visita al cementerio de Rakowice, donde se encuentra la tumba de sus padres y de su hermano. Previamente, visitó la Catedral de Wawel.

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SANTO PADRE INAUGURÓ SANTUARIO DE LA DIVINA MISERICORDIA

Roma, 19 (NE - eclesiales.org) El día sábado por la mañana el Papa inauguró el santuario de la Divina Misericordia, uno de los motivos principales de la octava visita del Pontífice a su país natal. Ante una gran imagen de Jesús Misericordioso, el Papa recordó el mensaje de la joven mística polaca Faustina Kowalska (1905-1938). Precisamente, el santuario fue construido al lado del convento donde vivió y murió la santa canonizada por el actual Pontífice.

"En este santuario encomiendo hoy solemnemente el mundo a la Misericordia Divina, y lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado desde aquí por santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene los corazones de esperanza", señaló el Papa durante su homilía, que era atentamente escuchada por los más de 4000 fieles al interior del templo, así como por la gran multitud de personas congregadas al exterior del santuario.

"¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! -exclamó más adelante el Papa-. En todos los continentes, desde lo profundo del sufrimiento humano, parece levantarse la invocación de la misericordia". "Es necesario transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la Misericordia de Dios el mundo encontrará la paz y el hombre, la felicidad".

Por la tarde del sábado, tras consagrar el santuario de la Divina Misericordia, el Papa visitó el nuevo campus de la Universidad Jagellónica.

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EMOTIVA DESPEDIDA CONCLUYE VISITA APOSTÓLICA DEL PAPA A POLONIA

Roma, 20 (NE - eclesiales.org) Con una emotiva ceremonia, donde no faltaron cantos tradicionales, el Papa Juan Pablo II se despidió ayer de Polonia. En la tarde del lunes, en el aeropuerto internacional de Cracovia, que precisamente lleva el nombre del Pontífice, el Papa abordó el avión que lo llevó de vuelta a Roma y desde ahí al palacio apostólico de Castelgandolfo, concluyendo así su octava visita a su país natal y su viaje apostólico número 98.

El Papa aprovechó sus palabras de despedida para agradecer a todos los que han hecho posible su visita. "Quiero saludaros en este momento a todos, queridos compatriotas. A tantos que me han esperado. A tantos que han querido verme en esta visita. Sé que no todos lo han conseguido. Quizá la próxima vez", afirmó el Pontífice.

"¡Jesús, en ti confío!", señaló al despedirse. "Que esta sincera confesión traiga alivio a las futuras generaciones en el nuevo milenio. ¡Que Dios, rico en misericordia, os bendiga!".

Por su parte, el Cardenal Józef Glemp, Arzobispo de Varsovia, despidió al Santo Padre en nombre de los fieles polacos. "Vamos a iniciar en Varsovia -dijo- la construcción del Templo de la Divina Providencia, el gran voto formulado por la nación hace 211 años". "Confiamos, Santo Padre, en que venga a bendecir los muros del nuevo templo", señaló.

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PAPA VISITÓ SANTUARIO DE KALWARIA ZEBRZYDOWSKA

Roma, 20 (NE - eclesiales.org) El día de ayer, el Papa Juan Pablo II visitó en Polonia el Santuario de Kalwaria Zebrzydowska y celebró allí una Eucaristía con ocasión del 400° aniversario de su fundación. El Santuario -dedicado a la Pasión de Jesús y a la Madre Dolorosa- es muy querido por el Pontífice. Allí acudió cuando niño de la mano de su padre. Ya como Arzobispo peregrinó al Santuario de Kalwaria Zebrzydowska en momentos de dificultad y de toma de decisiones.

"Este lugar -comentó el Papa en su homilía-, en modo admirable, ayuda al corazón y la mente a penetrar en el misterio de aquella relación que une al Salvador que padecía y a su Madre que compadecía". Ahondando en la presencia de María al pie de la Cruz, señaló: "Ella tenía fe en que se estaba cumpliendo la antigua promesa: 'yo pondré enemistad entre tú y la Mujer, entre tu descendencia y la suya: Ella te pisará la cabeza mientras asechas tú su calcañar'. Y su fe encontró confirmación, cuando el Hijo agonizante se dirige a Ella como: 'Mujer'".

Al final de su homilía, el Papa rezó: "Madre Santísima, Nuestra Señora de Kalwaria, alcánzame las fuerzas del cuerpo y del espíritu para que pueda cumplir hasta el final la misión que me ha encomendado el Resucitado". "Pongo en tus manos -oró en otro momento- todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; te confío el destino de la Iglesia, te entrego mi nación. Confío en ti y una vez más declaro ante ti: '¡Totus Tuus, María!'".

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«Dios, rico en misericordia»: mensaje del Papa a Polonia
Dedica la audiencia del miércoles a recordar la visita pastoral a su país

CASTEL GANDOLFO, 21 agosto 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II recordó este miércoles los momentos más intensos del viaje que realizó a Polonia del 16 al 19 de agosto durante una audiencia general que concedió a los peregrinos en la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

La consagración del Santuario de la Divina Misericordia, la multitudinaria beatificación de cuatro polacos que batió records de participación en Europa, y la conmemoración del cuarto centenario del Santuario de Kalwaria Zebrzydowska, fueron los momentos que pasaron por su mente.

«Sobre todo» quiso expresar su más sentido agradecimiento por la cariñosa acogida que le dispensaron sus compatriotas y les deseó que continúen en «su esfuerzo por construir el auténtico progreso social, sin desfallecer nunca en la fiel salvaguardia de su propia identidad cristiana».

Ante 3.500 peregrinos reunidos en el patio de la residencia veraniega de los Papas, entre los que destacaron los aplausos y cantos de un grupo de 300 polacos, el Santo Padre recordó que el mensaje fundamental que quiso dejar en su octava visita a su patria se resume en una frase: «Dios, rico en misericordia».

«El objetivo principal de la vista ha sido precisamente el de anunciar una vez más a Dios, "rico en misericordia", especialmente a través de la consagración del nuevo Santuario de la Divina Misericordia en Lagiewniki», aclaró recordando los acontecimientos del sábado pasado.

«El nuevo templo será un centro de irradiación mundial del fuego de la misericordia de Dios --añadió--, según quiso manifestar el Señor a santa Faustina Kowalska, apóstol de la Divina Misericordia».

«"Jesús, en ti confío": esta es la sencilla oración que nos ha enseñado sor Faustina y que en todo instante de la vida podemos llevar a los labios. Cuántas veces también yo, como obrero y estudiante y, después, como sacerdote y obispo, en períodos difíciles de la historia de Polonia, repetí esta sencilla y profunda invocación, constatando su eficacia y fuerza», confesó.

A continuación, recordó con emoción la eucaristía del domingo pasado en la que participaron unos tres millones de personas y en la que beatificó a cuatro polacos que se caracterizaron por ser reflejo de la misericordia de Dios con su vida de caridad.

Se trataba de Zygmunt Szczęsny Feliński (1822-1895), arzobispo de Cracovia durante 16 meses y deportado a Siberia por el poder zarista; del padre Jan Balicki (1869-1948), confesor, formador de seminaristas; del jesuita Jan Beyzym (1850-1912), «apóstol de los leprosos» en Madagascar; y de sor Sancja Szymkowiak (1910-1942), «ángel de la bondad» para los franceses e ingleses prisioneros durante la segunda guerra mundial.

«Quise presentar al pueblo cristiano estos nuevos beatos, para que su ejemplo y sus palabras sirvan de estímulo y aliento a testimoniar con los hechos el amor misericordioso del Señor, que vence al mal con el bien», aclaró el Papa.

«Sólo así es posible construir la deseada civilización del amor, cuya mansa fuerza contrasta con el "misterio de iniquidad" presente en el mundo», añadió.

Por último, recordó la