| Los días 26 de cada
mes están dedicados a Jesús Misericordioso para confesarse, para
participar de la Eucaristía, para recibir el escapulario propio,
para hacer bendecir los objetos piadosos, para encargar la
celebración de Misas por los vivos o los difuntos y para suplicar en
comunidad la Gracia de la curación interior.
A las tres de la tarde, la Hora en
que Jesús dio su vida para la salvación del mundo - la Hora de la
gran Misericordia - se celebra en el Santuario una Misa ofrecida por
los que están en grandísima tribulación y sólo tienen a Jesucristo
como único apoyo. Es la Misa por la paz y la alegría.
Los devotos se turnan desde la
primera Misa matutina hasta la última Misa en la noche, para visitar
la Imagen Milagrosa y venerada de Jesús Misericordioso y orar
delante de ella, signándose con el Agua bendita que se encuentra en
la Santa Montaña. Vienen no sólo los que sufren, sino también
aquellos que, por amor al prójimo, desean ofrecer sus sacrificios y
dolores para que otros obtengan los dones gratuitos del Salvador. Se
trata de una devoción que nos hace solidarios en la fe.
Subimos a la Santa Montaña para
que se cumpla la promesa del profeta Isaías: El Señor secará las
lágrimas de los rostros y servirá un Banquete de manjares
substanciosos y vinos de solera.
P. Osvaldo D. Santagada
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