| La imagen presenta a
Cristo resucitado con las señales de la crucifixión en las manos y
en los pies. Del Corazón traspasado (invisible en la imagen) salen
dos rayos: rojo y pálido. Jesús preguntado por lo que significaban,
explicó: El rayo pálido simboliza el agua que justifica a las
almas, el rayo rojo simboliza la sangre que es la vida de las almas.
Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi
misericordia cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por
una lanza (299). Estos rayos representan, pues, los sacramentos y
todos los dones del Espíritu Santo cuyo símbolo bíblico es el agua.
Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le
alcanzará la justa mano de Dios (299).
La imagen presenta, pues, la
inmensa misericordia de Dios que fue revelada plenamente en el
misterio Pascual de Cristo y que se realiza en la Iglesia con mayor
plenitud a través de los sacramentos. La imagen ha de desempeñar el
papel de un recipiente para recoger gracias y de una señal que ha de
recordar a los fieles la necesidad de confiar en Dios y de ejercer
misericordia hacia el prójimo. De la actitud de confianza hablan las
palabras puestas en la parte de abajo de la imagen: Jesús, en vos
confío. Esta imagen ha de recordar las exigencias de mi
misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea es inútil
(742).
Ofrezco a los hombres un
recipiente con el que han de venir a la fuente de la Misericordia
para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la
inscripción: Jesús, en vos confío (327). Por medio de esta imagen
colmaré de gracias a las almas, por eso que todas las almas tengan
acceso a ella (570).
Prometo que el alma que venere
esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra la
victoria sobre los enemigos y, sobre todo, en la hora de la muerte.
Yo mismo la defenderé como mi gloria (48).
Me queman las llamas de la
misericordia, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres, Oh,
qué dolor me dan cuando no quieren aceptarlas (...) Dile a la
humanidad doliente que se abrace a mi Corazón misericordioso y yo la
llenaré de paz (1074). La humanidad no encontrará la paz hasta que
no se dirija con confianza a mi misericordia (300).
Habla al mundo de mi
misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita
misericordia mía. Es la señal de los últimos tiempos. Después de
ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que
recurran, pues, a la fuente de mi misericordia, que se beneficien de
la sangre y del agua que brotó para ellos (848).
Antes de venir como el Juez
justo, abro de par en par las puertas de mi misericordia. Quien no
quiere pasar por la puerta de mi misericordia, deberá pasar por la
puerta de mi justicia (1146). |