| Al anochecer, estando
en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía
una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica
sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos
grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente
miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una
gran alegría. Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una
imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío. Deseo
que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el
mundo entero. (47)
Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También
prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y
sobretodo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como Mi
gloria. (48)
Cuando lo dije al confesor (48),
recibí como respuesta que ese se refería a mi alma. Me dijo: Pinta
la imagen de Dios en tu alma. Cuando salí del confesionario, oí
nuevamente estas palabras: Mi imagen está en tu alma. Deseo que
haya una Fiesta de la Misericordia. Quiero que esta imagen que
pintarás con el pincel, sea bendecida con solemnidad el primer
domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser
la Fiesta de la Misericordia. (49)
Hija Mía, mira hacia el abismo
de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y
hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y
sumérgelos en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas,
deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la
Misericordia - recorrerás el mundo entero y traerás a las almas
desfallecidas a la fuente de Mi Misericordia. Yo las sanaré y las
fortificaré. (206)
Una vez, cuando el confesor me
mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos
que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al
Señor.
Durante la oración oí
interiormente estas palabras: Los dos rayos significan la Sangre
y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las
almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las
almas...
Ambos rayos brotaron de las
entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón
agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.
Estos rayos protegen a las
almas de la indignación de Mi Padre. Bienaventurado quien viva a la
sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios. Deseo
que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la
Fiesta de la Misericordia. (299)
+ Pide a Mi siervo fiel (132)
que en aquel día hable al mundo entero de esta gran misericordia
Mía; que quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el
perdón total de las culpas y de las penas. (300)
El primer domingo después de la
Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del
Señor, clausura del Jubileo de Redención. Cuando fuimos a esta
solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas
dos solemnidades tan estrechamente. Pedí a Dios la misericordia para
las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio y el sacerdote tomó el
Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi al
Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor
impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el
mundo. De repente vi una claridad inaccesible en forma de una
habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable a
cualquier criatura o espíritu. Para entrar en la claridad había tres
puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en
la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta,
hasta el interior de la unidad. Es la Unidad Trinitaria que es
inconcebible, infinita. Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las
entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis
gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la
obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi
Dios. (420)
No encontrará alma ninguna la
justificación hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia
y por eso el primer domingo después de Pascua ha de ser la Fiesta de
la Misericordia. Ese día los sacerdotes han de hablar a las almas
sobre Mi misericordia infinita. Dile al confesor que la imagen esté
expuesta en la Iglesia y no en el convento dentro de la clausura.
Por medio de esta imagen colmaré a las almas con muchas gracias, por
eso, que cada alma tenga acceso a ella. (570)
Las almas mueren a pesar de Mi
amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir,
la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán
para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las
almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día
terrible, el día de Mi justicia. (965)
Deseo conceder el perdón total
a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa
Comunión el día de la Fiesta de Mi misericordia. (1109)
En 1997, en peregrinación al
Santuario de Jesús Misericordioso en Cracovia, ante la tumba de la
Santa Faustina Kowalska, Juan Pablo II agradeció el haber podido
"contribuir personalmente al cumplimiento de la voluntad de Cristo,
mediante la institución de la fiesta de la Divina Misericordia", que
de la Diócesis de Cracovia, donde él era Arzobispo, se difundió en
tantas otras diócesis del mundo entero. Es difícil estimar cuántos
millones de fieles, cada año, celebran en la Iglesia universal, bajo
la guía de los propios Pastores, la fiesta de la Misericordia en el
primer Domingo después de Pascua.
Realmente esta devoción de la
Divina Misericordia se difundió rápidamente por un impulso divino,
como Juan Pablo II dijo en el día de la beatificación de la Hna.
Faustina, el 18 de abril de 1993: "¡Es verdaderamente maravilloso el
modo en el que la devoción a Jesús Misericordioso se abre camino en
el mundo contemporáneo y conquista tantos corazones humanos! Esto
es, sin duda, un signo de los tiempos, un signo de nuestro siglo
XX".
El Santo Padre, en la Audiencia
general del 12 de enero de 1994, también decía que: "el mensaje de
la Misericordia de Dios es una fuerte llamada a una confianza más
viva, "Jesús, ¡confío en Ti!". Es difícil encontrar palabras más
elocuentes de las transmitidas a nosotros por la Hna. Faustina". Por
esto, "La Iglesia relee el Mensaje de la Misericordia para llevar
con más eficacia a la generación de finales del milenio y las
futuras, la luz de la esperanza" (Juan Pablo II en Cracovia, el 7 de
junio de 1997). Para la hora de la Misericordia, baste recordar que
el Señor dijo a la Hna. Faustina: "Cada vez que sientas el reloj dar
las tres, acuérdate de introducirte totalmente en mi Misericordia,
adorándola y exaltándola; invoca Su omnipotencia para el mundo
entero y especialmente para los pobres pecadores, porque fue en
aquella hora cuando fue abierta para todas las almas". Por la
difusión del culto de la Divina Misericordia, Jesús confió que, "A
las almas que difunden el culto de mi Misericordia, las protegeré
toda la vida, como una tierna madre (protege) a su hijo todavía
lactante y en la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino
Salvador misericordioso"... "En aquella hora obtendrás todo para ti
misma y para los demás; en aquella hora se otorgó gracia al mundo
entero; la misericordia venció a la justicia". |