| A la mañana siguiente, cuando
entré en nuestra capilla, oí esta voz interior:
Cuantas veces entres en la
capilla, reza en seguida esta oración que te enseñé ayer.
Cuando recé esta plegaria, oí en el alma estas palabras:
Esta oración es para aplacar Mi
ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo
siguiente: primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave María y
el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro,
dirás las siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y
la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del
mundo entero; en las cuentas del Ave María, dirás las siguientes
palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del
mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo
Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del
mundo entero (476).
En una ocasión, mientras iba por
el pasillo a la cocina, oí en el alma estas palabras:
Reza incesantemente esta coronilla
que te he enseñado. Quienquiera que la rece recibirá gran
misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la
recomendarán a los pecadores como la última tabla de salvación.
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Hasta el pecador más empedernido, si
reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi
misericordia infinita. Deseo que el mundo entero conozca Mi
misericordia; deseo conceder gracias inimaginables a las almas que
confían en Mi misericordia. (687)
+ Promesa del Señor:
A las almas que recen esta
coronilla, Mi misericordia las envolverá en vida y especialmente a
la hora de la muerte. (754)
Al entrar en mi soledad, oí estas
palabras: Defenderé como Mi
gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte,
o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán
el mismo perdón. Cuando cerca de un agonizante es rezada esta
coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia
envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por
la dolorosa Pasión de Mi Hijo.
Oh, si todos conocieran qué
grande es la misericordia del Señor y cuánto todos nosotros
necesitamos esta misericordia, especialmente en aquella hora
decisiva. (811)
Mientras rezaba la coronilla, de
repente, oí una voz: Oh,
qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta
coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por quienes
rezan esta coronilla. Anota estas palabras, hija Mía, habla al mundo
de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita
misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de
ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que
recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la
Sangre y del Agua que brotó para ellos. Oh almas humanas, ¿dónde
encontrarán refugio el día de la ira de Dios? Refúgiense ahora en la
Fuente de la Divina Misericordia. Oh, qué gran número de almas veo
que han adorado la Divina Misericordia y cantarán el himno de gloria
por la eternidad. (848)
Hija Mía, anima a las almas a
rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla,
Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los
pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su
muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un
alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de
su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído,
no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi
misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Estas
almas tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen
preferencia en Mi misericordia. Proclama que ningún alma que ha
invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido
confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi
bondad. Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos,
Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo
sino como el Salvador Misericordioso. (1541)
[...] y oí estas
palabras: A través
de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con Mi
voluntad. (1731)
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Coronilla que
Jesús Misericordioso enseñó a la beata Sor Faustina el 13 de
septiembre de 1935
Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en
el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras
ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. AMÉN.
Dios te Salve, María, llena eres
de gracia; el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra
muerte. AMÉN.
Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo,
nuestro Señor. Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu
Santo. Nació de Santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio
Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los
infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los
cielos. Está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde
allí ha de venir a juzgar a los vivos y los muertos. Creo en el
Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los
Santos, el Perdón de los pecados, la Resurrección de la carne y la
vida eterna. AMÉN.
Al comienzo de cada decena:
Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo
y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del
mundo entero (una vez).
En cada cuenta de la decena:
Por su dolorosa pasión, ten
misericordia de nosotros y del mundo entero (10 veces).
Al terminar:
Santo Dios, Santo Fuerte, Santo
Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero (3 veces)
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