| Este domingo es llamado
también Domingo de la Divina Misericordia: ella constituye - en este
año dedicado a Dios Padre- una ocasión preciosa para entrar,
individualmente o como Iglesia, en el auténtico espíritu jubilar,
según las mismas palabras de Jesús: "El espíritu del Señor está
sobre mí; por ello me ha mandado a predicar un año de gracia del
Señor" (Lc 4,18-19).
Me alegra que muchos sacerdotes y
fieles hayan venido esta mañana a Plaza San Pedro para una solemne
Eucaristía, presidida por el Cardenal Fiorenzo Angelini, a quien
saludo cordialmente, y junto con él, saludo todos los presentes,
mientras expreso mi satisfacción por vuestra devoción a Jesús
Misericordioso. Los animo de corazón a ser, en el ambiente de vida y
de trabajo de cada uno, apóstoles de la divina misericordia como la
Beata Faustina Kowalska.
*) Intervención de S.E. Mons.
Crescenzio SEPE, Secretario del Gran Jubileo, en la conclusión de la
celebración eucarística de la fiesta de la Divina Misericordia.
(Domingo en albis, 11 de abril de 1999) Amados fieles: Al concluir
las celebraciones eucarísticas de la fiesta de la Divina
Misericordia, deseo agradecer al Señor porque, como ha dicho el
Santo Padre y como lo demuestra vuestra presencia en esta Plaza, "es
verdaderamente maravillosos el modo con que la devoción a Jesús
misericordioso se abre camino en el mundo contemporáneo y conquista
tantos corazones humanos. Esto es sin duda un signo de los tiempos,
un signo de nuestro siglo XX".(Juan Pablo II, Vaticano, 18 de abril
de 1993)
Si esta devoción es un signo de
nuestro siglo, es también un signo del Gran Jubileo del Año 2000,
cuya celebración está ya próxima). Se trata de un signo, "claro y
legible para cada uno ", ya que todos experimentamos que "de nada
tenemos tanta necesidad como de la Divina Misericordia".(Juan Pablo
II, Cracovia, 7 de junio 1997)
Tal vez, nunca como hoy, a fines
de un siglo signado por dos guerras mundiales y numerosos conflictos
que siguen desgarrando Europa y el mundo, sentimos la exigencia de
invocar a Dios, rico de misericordia, para que el Jubileo, que es
"el año de la misericordia del Señor" ( Is 61,2) lleve a los hombres
la deseada paz y misericordia. Pero no puede haber verdadera paz
entre los hombres si antes no hay reconciliación con Dios. Esta es
la acongojada exhortación de San Pablo a la comunidad cristiana de
Corinto: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Cor 5,20).¿Cómo podemos
ser portadores de paz, si nuestro corazón está desgarrado por el
pecado, el egoísmo, por el espíritu de dominio, por el odio y la
violencia? Tenemos que pedir perdón a Dios con humildad y
sinceridad, convertirnos con todo el corazón a Él, renovarnos
profundamente en el espíritu, para poseer la paz que el Señor
resucitado nos dona: "Os dejo mi paz, mi paz. os doy; no como la da
el mundo"(Jn 14,25).
La "bondad misericordiosa de
nuestro Dios (Lc 1,78), que brilla en el rostro de Cristo,
prácticamente no tiene límites. Los brazos del Padre están
continuamente abiertos para abrazarnos y reintegrarnos como hijos de
su casa.
Éste es el mensaje dado por el
Señor a la beata Faustina Kowalska: "En aquellos días se abrieron
todos los canales por los cuales fluyen las gracias divinas. Ningún
alma tenga miedo de acercarse a mí, aunque sus pecados fueran como
escarlata (Diario,q.II) .Este es el único y verdadero significado
del Gran Jubileo. En este sentido, la celebración actual en honor de
la divina misericordia, entra a pleno título en la preparación
espiritual y en la celebración del Año Santo del 2000.De aquí nace,
sin embargo, una exigencia profunda e imprescindible: intensificar
la oración para obtener la misericordia divina. Nos lo recuerda el
Santo Padre en la Encíclica "Dives in misericordia": "En ningún
momento y en ningún período histórico, especialmente en una época
tan crítica como la nuestra, la iglesia puede olvidar la oración,
que es el grito a la misericordia de Dios ante las múltiples formas
de mal que pesan sobre la humanidad y la amenaza"(Nº 15).
Como Iglesia en camino hacia el
Jubileo, elevamos, queridos fieles, nuestro a Dios para que el
evento jubilar signe un viraje decisivo en el corazón de los hombres
e induzca a aplacar los odios y los pueblos en guerra entre ellos y
del hombre en conflicto consigo mismo. Releemos, como nos exhorta el
Santo Padre, "el mensaje de la Misericordia" para llevar con más
eficacia a la generación de fines milenio y las futuras, la luz de
la esperanza" (Cracovia, 7 de junio 1997).Repitamos con insistencia:
"Jesús confío en Ti", seguros de encontrar consuelo en cada angustia
y en cada miedo. Con esta confianza, el tiempo jubilar será un
evento de gracia, seguros de que si en este siglo que se cierra ha
"abundado el pecado", en el nuevo "sobreabundará la gracia" (cfr Rm
5,20). Podremos así cantar, junto a María, Madre de Jesús y Madre
nuestra, el Magnificat de alabanza y acción de gracias al Padre
"rico de Misericordia".
HACIA EL TERCER MILENIO
*) "Te saludo, Sor Faustina. Desde
hoy la Iglesia te nombre Beata, especialmente la Iglesia de la
tierra polaca y lituana. ¡Oh, Faustina, qué maravilloso ha sido Tu
camino! Cómo no pensar que justamente Tú, una pobre y simple hija
del pueblo polaco de Mazowse, Cristo ha elegido para recordar a la
gente le gran misterio de la divina misericordia. Llevaste este
misterio contigo, dejando este mundo después de una vida breve llena
de sufrimientos. Al mismo tiempo este misterio se ha convertido en
un grito profético dirigido hacia el mundo y hacia Europa. Tu
mensaje de la divina Misericordia nació prácticamente en la vigilia
del temible cataclismo de la segunda guerra mundial. Probablemente
no te sorprenderías, si hubieras podido experimentar sobre la tierra
lo que este mensaje ha llegado a ser para la atormentada gente de
aquel tiempo del desprecio, cómo se ha extendido en el mundo. Hoy
-creemos esto profundamente- miras en Dios el fruto de Tu misión
sobre la tierra. Hoy experimentas de la misma Fuente, quién es Tu
Cristo: "Dives in misericordia"."Siento claramente que mi misión no
termina con la muerte, sino que inicia…" ha escrito Sor Faustina en
su Diario. ¡Y así realmente ha sucedido! Su misión continúa y está
dando frutos sorprendentes.¡ Es realmente maravilloso el modo en que
su devoción a Jesús Misericordioso se abre camino en el mundo
contemporáneo y conquista tantos corazones humanos! Esto es sin duda
un signo de nuestro siglo XX. El balance de este siglo que termina,
presenta además de las conquistas, que a menudo han superado las de
épocas precedentes, también una profunda inquietud y miedo acerca
del porvenir. ¿Dónde, por lo tanto, sino en la divina Misericordia,
el mundo puede encontrar el refugio y la luz de la esperanza?.¡ Los
creyentes lo intuyen perfectamente!"Den gracias al Señor porque es
bueno…Den gracias al Señor porque es misericordioso". Hoy en el día
de la beatificación de Sor Faustina, adoramos a Dios por las grandes
obras que ha hecho en su alma. Lo glorificamos y le damos gracias
por las grandes obras que ha hecho y continúa haciendo en las almas,
las cuales, gracias a su testimonio y su mensaje- redescubren las
infinitas profundidades de la divina Misericordia".(De la Audiencia
a los peregrinos de Juan Pablo II del 18 de abril 1993)
*) El año pasado ha sido
beatificada Sor Faustina Kowalska, que Cristo llamó a un vasto
apostolado de misericordia, en la vigilia de la segunda guerra
mundial. Sor Faustina era consciente de la importancia del mensaje
que le confió Cristo, pero no podía saber todavía cuán ampliamente
sería difundido en el mundo algunos años después de su muerte. La
humanidad entera tiene necesidad de tal mensaje sobre la
misericordia de Dios. Lo necesita el mundo de hoy, en particular la
atormentada tierra de los Balcanes. El mensaje de la misericordia de
Dios es al mismo tiempo, un fuerte llamado a una confianza más viva:
"Jesús confío en Ti". Es difícil encontrar palabras más elocuentes
de las trasmitidas por Sor Faustina. "Jesús, confío en Ti" Es
difícil encontrar palabras más elocuentes que las trasmitidas por
Sor Faustina: ¡Jesús confío en ti! He aquí la esperanza que nos ha
guiado en los días transcurridos en reflexión común, teniendo viva
la conciencia de que la paz en los Balcanes es posible. "Spes contra
spem". ¡Nada es imposible para Dios! Es posible sobretodo la
conversión, capaz de transformar el odio en amor y la guerra en paz.
Por esto nuestra oración se hace más confiada e insistente. Jesús
confío en Ti.(De la Audiencia General del miércoles 12 de Enero
1994)
*) "La palabra clave en la
Liturgia de la Palabra de hoy es ésta: "Dives in misericordia" Dios
rico de misericordia. Ha sido para mi una palabra clave desde el
inicio del Pontificado, de mi Ministerio aquí en Roma. Esta
inspiración ha sido llevada a mi Patria, en Cracovia, a través de
una Hermana simple que se llamaba Faustina, probablemente conocida
también en Roma, conocida en todo el mundo. aunque haya vivido
escondida en Cristo. Vivió entre dos guerras mundiales. Es una gran
mística, una de las más grandes de la historia de la Iglesia. Tenía
una cercanía estupenda a Jesús. Y Jesús se le reveló como
misericordioso. Existen cuadros, imágenes de Jesús misericordioso
con el corazón traspasado. Viniendo de este ambiente ha traído acá
una inspiración, casi un deber: tú no puedes escribir sobre la
misericordia. Así nació la segunda encíclica del Pontificado: "Dives
in misericordia"- Dios rico en misericordia"."De la Homilía de Juan
Pablo II en la parroquia de San Francisco de Sales -Roma, 13 de
marzo 1994
*) "¡Oh María, Madre de
misericordia! Tu conoces como ningún otro el corazón de tu Hijo
divino, instílanos una confianza filial hacia Jesús, como la vivida
por los Santos, aquella confianza que animó la Beata Faustina
Kowalska, gran apóstol de la Divina misericordia de nuestro tiempo.
Mira con amor nuestra miseria; arráncanos, oh Madre, de las
tentaciones, de la autosuficiencia y de desesperanza, y danos la
abundancia de la misericordia que nos salva".(Del Regina Caeli de
Juan Pablo II, del 10 de abril 1994)
*) Hace exactamente 56 años, el 5
de octubre de 1938, moría en Cracovia, en Iagiewniki la beata sor
Faustina Kowalska que la Providencia había elegido como Apóstol de
la Misericordia Divina. Ella mejor que nada sabe lo que es necesario
hacer para que la vida religiosa dé sus frutos ayudando a difundir y
radicar el Reino de Dios en las almas de los hombres. Recomendamos a
ella los trabajos del actual Sínodo de los Obispos para que la vida
religiosa y la vida consagrada vuelvan a ser un testimonio legible
de la verdad del Evangelio y las personas consagradas a Dios, sean
apóstoles diligentes de la nueva evangelización del Milenio que
viene. Recomendamos a ella también la vida familiar, todas las
familias polacas, las presentes y las que viven en Patria y en el
exterior. La extraordinaria alma mística de Faustina sea la portavoz
de la Misericordia Divina, y no sólo en su tiempo que era un período
muy difícil, tal vez el más difícil de este siglo. Su alma bendita
haga alcanzar las gracias y la misericordia divina a todas las
familias de Polonia y de todo el mundo, al final de nuestro
siglo.(De la Audiencia General del Miércoles de Juan Pablo II, 5 de
octubre 1994)
*) "Cristo, por lo tanto puede
decir:¡ "No teman"!. Y repite tales palabras a todo hombre,
especialmente a quien sufre físicamente o en el espíritu. Puede
repetirlos con todo fundamento. Sor Faustina intuyó esto en modo
particular y elevada a los honores del altar hace dos años, revela
justamente esta verdad: el bien vence el mal, la vida es más fuerte
que la muerte, el amor de Dios es más potente que el pecado. Todo
esto se manifiesta en el misterio pascual de Cristo. Aquí Dios
aparece tal como es: un Padre del corazón tierno que no se rinde
ante las ingratitudes de sus hijos, y está siempre dispuesto al
perdón (Del Ángelus de Juan Pablo II, 23 de abril 1995 )*)Este
domingo se llama también Domingo de la Divina Misericordia: ella
constituye - en este año dedicado a Dios Padre -una preciosa ocasión
para entrar, como individuos y como Iglesia, en el auténtico
espíritu jubilar, según las mismas palabras de Jesús: "El espíritu
del Señor está sobre mí; por esto me ha….. mandado para…predicar un
año de gracia del Señor" (Lc 4,18-19)…Los animo de corazón a ser, en
el ambiente de vida y de trabajo de cada uno de ustedes, apóstoles
de la divina misericordia como la beata Faustina Kowalska…"(Del
Regina Coeli de Juan Pablo II del 11 de abril 1999)
*) "Transmitir a las futuras
generaciones el mensaje de la Divina Misericordia, que se complace
en elegir esta ciudad para manifestarse al mundo. A fines del
vigésimo siglo el mundo parece necesitar más que nunca de tal
mensaje. Llévenlo a los tiempos nuevos como brote de esperanza y de
prenda de salvación…."
(De la Homilía de Juan Pablo II en
Cracovia, 15 de junio 1999)
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