+ En cierta ocasión Jesús me hizo conocer que cuando le ruego por
alguna intención que a veces me recomiendan, está siempre dispuesto
a conceder sus gracias, pero las almas no siempre quieren
aceptarlas.
Mi Corazón está colmado de gran
misericordia para las almas y especialmente para los pobres
pecadores. Oh, si pudieran comprender que Yo soy para ellas el mejor
Padre, que para ellas de Mi Corazón ha brotado Sangre y Agua como de
una fuente desbordante de misericordia; para ellas vivo en el
tabernáculo; como Rey de Misericordia deseo colmar las alma de
gracias, pero no quieren aceptarlas. Por lo menos tú ven a Mí lo más
a menudo posible y toma estas gracias que ellas no quieren aceptar y
con esto consolarás Mi Corazón. Oh, qué grande es la indiferencia de
las almas por tanta bondad, por tantas pruebas de amor. Mi Corazón
está recompensado solamente con ingratitud, con olvido por parte de
las almas que viven en el mundo.
Tienen tiempo para todo, solamente
no tienen tiempo para venir a Mí a tomar las gracias.
Entonces, Me dirijo a ustedes, a
ustedes, almas elegidas, ¿tampoco ustedes entienden el amor de Mi
Corazón? Y aquí también se ha desilusionado Mi Corazón: no encuentro
el abandono total en Mi amor. Tantas reservas, tanta desconfianza,
tanta precaución. Para consolarte te diré que hay almas que viven en
el mundo, que Me quieren sinceramente, en sus corazones permanezco
con delicia, pero son pocas. También en los conventos hay almas que
llenan de alegría Mi Corazón. En ellas están grabados Mis rasgos y
por eso el Padre Celestial las mira con una complacencia especial.
Ellas serán la maravilla de los ángeles y de los hombres. Su número
es muy pequeño, ellas constituyen una defensa ante la Justicia del
Padre Celestial e imploran la misericordia por el mundo. El amor y
el sacrificio de estas almas sostienen la existencia del mundo. Lo
que más dolorosamente hiere Mi Corazón es la infidelidad del alma
elegida por Mí especialmente; esas infidelidades son como espadas
que traspasan Mi Corazón. (367)
Durante una adoración Jesús me
prometió: Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las
almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás,
en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita
misericordia.
Mi Corazon sufre, a causa de que
ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en
su relación conmigo en cierto modo hay desconfianza. Oh, cuánto esto
hiere Mi Corazón. Recuerden Mi Pasión y si no creéis en Mis palabras
creed al menos en Mis llagas. (379)
Una vez el Señor me dijo: Me
hieren más las pequeñas imperfecciones de las almas elegidas que los
pecados de las almas que viven en el mundo. Me entristecí mucho por
el hecho de que Jesús padece sufrimientos a causa de las almas
elegidas, y Jesús me dijo: Estas pequeñas imperfecciones, no es
todo; te revelaré el secreto de Mi Corazón, lo que sufro por parte
de las almas elegidas: la ingratitud por tantas gracias es el
alimento continuo de Mi Corazón por parte del alma elegida. Su amor
es tibio, Mi Corazón no puede soportarlo; estas almas Me obligan a
rechazarlas de Mí. Otras no tienen confianza en Mi bondad y nunca
quieren sentir la dulce intimidad en su corazón, pero Me buscan por
allí, lejos y no Me encuentran. Esta falta de confianza en Mi bondad
es lo que más Me hiere. Si Mi muerte no las ha convencido de Mi
amor, ¿qué es lo que las convencerá? Muchas veces un alma Me hiere
mortalmente y en tal caso nadie Me consolará. Hacen uso de Mis
gracias para ofenderme. Hay almas que desprecian Mis gracias y todas
las pruebas de Mi amor; no quieren oír Mi llamada, sino que van al
abismo infernal. Está pérdida de las almas Me sumerge en la tristeza
mortal. En tales casos, a pesar de ser Dios, no puedo ayudar nada al
alma, porque ella Me desprecia; disponiendo de la voluntad libre
puede despreciarme o amarme. Tú, dispensadora de Mi misericordia,
habla al mundo entero de Mi bondad y con esto consolarás Mi Corazón.
(580)
Muchas más cosas te diré cuando
hables Conmigo en lo profundo de tu corazón; allí nadie puede
impedir Mi actuar; es allí donde descanso como en un jardín cerrado.
(581)
+ Jesús.- De todas Mis llagas,
como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la
herida de Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites, de
esta fuente brotan todas las gracias para las almas. Me queman las
llamas de compasión, deseo derramarlas sobre las almas de los
hombres. Habla al mundo entero de Mi misericordia. (1190)
|